lunes, 22 de agosto de 2022

En Resumen

 


No creo en Vallejo

 

No creo en Adán

 

No creo en la generación del treinta

 

Cincuenta ni sesenta

 

Mucho menos en Hora Zero

 

O la prensa que lo creó

 

Ni en ninguno de mis coetáneos

 

Tampoco en los jóvenes

 

De hoy ni de mañana

 

Creo sólo en mí

 

En Yoko o en mí

 

© Pedro Granados, 2022


TEXTO RELACIONADO:

¡Rompe Saraguey!





domingo, 21 de agosto de 2022

Primero es el ritmo II

 


SALSA, HISTORIAS LOCALES Y POESÍA DE LA BUENA

Ya que, según los más conspicuos entendidos/as locales, de antemano estamos en una época de “poetas menores” o poesía culta menor, habrá que recurrir a la calle o, de una vez, abandonar del todo la poesía culta.  Este es el gran problema, por ejemplo, con nuestros “talleres de creación literaria” o “escritura creativa” en lugares como la PUCP o la UNMSM.  Llevan desconectado su discurso; si son eróticos, olvidan lo social; si son sociales, olvidan el cuerpo; si quieren ser voluntariamente chistosos, nadie ríe con ello; si quieren parecer, en suma, espontáneos, la agenda teórica y el canon –inventado por sus profesores– irremediablemente los maniata hasta la insulsez .  Que una cosa constituye el arte del refrenamiento y otra, muy distinta, la auto represión.  En el presente performance, en cambio, va todo integrado: historia personal, social, política, humor, necesario desafío a las normas.  Cada uno de estos ingredientes integrado a los demás y formando como una orquesta de cámara.  A través del ritmo –antes que esta o aquella puntual ideología, ética, holística, teoría igualitaria– que mana desde la  calle.  Ritmo para unas orejas que hemos taponeado con cera.

¿0 no?




lunes, 15 de agosto de 2022

“Hay un árbol de piedra en mi memoria”/ Viviana Gonzales Taborga

 


Lo más parecido, en el Perú, a la voz aguardentosa de la poesía de Gloria Mendoza Borda.  Mito de Inkarrí anclado y vociferante, y no por esto menos reflexivo o inteligente.  Pero la ingesta debe continuar hasta estar todos, y en primer lugar la poeta, “bien borrachos”.  No otro es el reto ¿y el límite?  Merecer estar absolutamente ebrios por encargo y a favor, precisamente, de nuestra comunidad.  De lo contrario, si uno lo está sólo a medias, se corre el riesgo, siempre a escasísimos milímetros, de caer en el proselitismo, el folklore o la literatura de auto-ayuda. Tornarnos en el Inkarrí profesional o de utilería que fácil se consume y olvida.  P.G.

LIBROS PUBLICADOS POR VIVIANA GONZALES TABORGA: – Teatro mínimo. Colección Gabriela Ynclán. Edit. Padmira. México. 2019. – 13 Poetas emergentes. Ediciones Periféricas. México. Agosto 2020. – Canto de un pájaro de fuego. Editorial Buenos Aires Poetry. Abril 2021.


domingo, 14 de agosto de 2022

Poesía peruana y mediación conceptual

 


“Si alzando las manos,

formando una garra,

pudiera desgarrar

mi cielo más próximo…

Quizá esa sea la destreza

del hombre del futuro.

Comerse su propio cielo”       (Granados 1986)

La capacidad mediadora de la poesía peruana –en perspectiva conceptual o multinaturalista[1]— alcanza su plenitud con Trilce.  Logro que tiene sus antecedentes en el mito de Inkarrí, Dioses y hombres de Huarochiri  y la Nueva corónica y buen gobierno de Huamán Poma de Ayala.  Además, en su reacción a la poesía “mundonovista” del Modernismo (José Santos Chocano).  Así como, por otro lado, en cuanto aquel poemario de 1922 constituye una elaboración propia del costumbrismo limeño (Granados 2007) –tipo Ricardo Palma, Clemente Palma o José Diez Canseco–; lo mismo que del criollismo o ruralismo del grupo Colónida y Abraham Valdelomar (Granados 2017a).

Trilce que tiene en los 30′, a través de la poesía de Martín Adán, a su mejor glosador multinaturalista en clave barroco-coloquial.  Y ya en la generación del 50, dado el interés por la cultura precolombina entre la mayoría de sus miembros –sobre todo entre los motejados “puros” (Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, etc.) y no tanto así entre los “sociales” (Alejandro Romualdo, Washington Delgado, Pablo Guevara, etc.)– al poemario Estancias (1960) de Sologuren como un auténtico heredero de su poderosa mediación conceptual.  Obviamente, una vez catalizada la lectura de este último poemario con la antropología de Claude Lévi-Strauss, el budismo Zen (Daisetsu Teitaro Susuki) y, no menos, con lo que ha elaborado Eduardo Viveiros de Castro sobre el pensamiento amerindio.  Estancias, entonces, cual un concatenado repertorio de ideogramas o discretos diseños con los cuales entablar, desde el Perú, un diálogo intergaláctico.

Seleccionamos a Javier Sologuren, a quien dedicamos nuestra tesis de Bachiller en Humanidades por la PUCP (Granados 1987) y no, por el contrario, a Jorge Eduardo Eielson o a Blanca Varela –habiendo estos últimos incluso rescatado de modo explícito la herencia precolombina en sus poemas– porque en el primero de ellos prima el existencialismo tanto como, en la poesía de Varela, predomina el expresionismo. Ahora, no es que no sea posible, implicando a Lévi-Strauss o a Viveiros de Castro en nuestra tarea, levantar una topografía multinaturalista a partir de la lectura de aquellos poetas peruanos; sino que la fanopea de Javier Sologuren –acaso de modo paradójico en tanto poeta “puro” o en menor grado “ideologizado”–  mapea y sintetiza aquella mediación de manera simple y sorprendentemente elocuente (Rebaza 2000).

Por otro lado, y de manera secuencial, generación poética peruana de los años 60-70 que, a semejanza del subgrupo de los poetas “sociales” del 50′, estuvo intensamente interesada, acaso con la solitaria excepción de Luis Hernández Camarero, en la real politik y no en lo post-humano (otra manera de aludir al multinaturalismo).  Así como los poetas peruanos –del 90 y del 2000– escasamente se concibieron amerindios.  Y, más bien, estos últimos asumieron y ventilaron en sus obras diversos tipos de problemáticas globalizadas y urbanas como la de la identidad (género, etnicidad), ecología e incluso una construcción cultural filantrópica como la del multiculturalismo; además de ensayar un desmontaje semiótico generalizado: “giro lingüístico”, “giro visual”, etc.  Ante este panorama, es recién hasta la poesía de la denominada generación de los años 80 (ejemplos, Magdalena Chocano o este autor) y, también, la de dos poetas contemporáneos y al mismo tiempo marginales  de Hora Zero (años70) como José Watanabe y Vladimir Herrera, cuando la mediación conceptual vía el “giro ontológico”[2] o el multinaturalismo –y, no menos, la extraordinaria irradiación de Trilce— se ha tornado tan marcadamente relevante e influyente en toda nuestra región: “Vallejo en español selvagem y portunhol trasatlántico” (Granados 2017b). (P.G.)

[1] Según la cual: “se afirma la unidad (‘universalidad’) de un espíritu cósmico versus la diversidad (o ‘particularidad’) de los cuerpos naturales (Rizo-Patrón).

[2] “Las aproximaciones ontológicas críticas [ni “naturalismo” ni “constructivismo”] están unidas en su cuestionamiento de la capacidad de la ontología moderna de la sustancia cartesiana—la visión de que el mundo está dividido en dos tipos de sustancias, materia extendida y pensamiento—para explicar plenamente el mundo material.  Fundamentalmente, la metafísica alternativa consiste en ontologías relacionales.  Más que hechas de objetos discretos o piezas de materia, todas las cosas están constituidas por sus relaciones. […] Un nuevo lenguaje intenta imaginar la compleja topología de estas realidades relacionales, incluyendo la “red” de Latour (2005), la “malla” de Ingold (2007, 2012) y la “mezcla” o “enredo” de Barad” (Alberti 2017).  Y, no menos, el “multinaturalismo” (1996); aunque: “Es revelador que el objetivo de Viveiros de Castro –sistematizar el pensamiento amerindio en una metafísica tal que pueda tener un efecto recíproco sobre el pensamiento antropológico y la metafísica “naturalista” u occidental—rara vez es citado.  Como tal, mucha de la ontología social y la nueva arqueología animista omiten la postura crítica de la obra de Viveiros de Castro” [Aunque esto ya lo curé desde la obra de un poeta “amerindio” como Javier Sologuren, y sustenté en la PUCP ya en 1987]. (Alberti 2017)

Referencias

Alberti, Benjamin.  “Arqueología de la ontología”, en: Annual Review of  Anthropology, 2016, 45: 163-179.  Traducción Andrés Laguens, octubre 2017. [Web]

Granados, Pedro.  Trilce/Teatro: guión, personajes y público.  Brasil: ABH, 2017a.

———– “Vallejo en español selvagem y portunhol trasatlántico”.  Sibila,  2017b

———–| “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana”. Lexis, 2007.

———-  “Estancias, síntesis de imágenes aéreas en la poesía de Javier Sologuren (1942-1960)”   Tesis Bachiller, PUCP, Lima-Perú, 1987.

———– Vía expresa.  Lima: INC, 1986.

Rebaza, Luis.  La construcción de un artista peruano contemporáneo.  Lima: PUCP, 2000.

Rizo-Patrón, Rosemary “Multinaturalismo e interculturalidad en el horizonte del mundo             de la vida” [Web].


TEXTO RELACIONADO

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2016/08/30/aguas-moviles-de-la-poesia-peruana-de-los-formatos-a-las-sensibilidades/

miércoles, 10 de agosto de 2022

Trilceanas ciudadanías: Taller

 


Resumen

“Trilceanas ciudadanías: Taller”, en evidente tributo a Trilce (1922) de César Vallejo, habría que describirlo desde varios círculos concéntricos tal cual el impacto de una piedra sobre un agua tranquila. La circunferencia más cercana al impacto consistiría en implementar, una vez más, aunque cada una haya tenido sus particularidades, algunas reales y concretas experiencias pedagógicas anteriores; en tanto dinámica, evaluación y publicación de las mismas.  Es decir, referirnos a algo específico y verídico que, en múltiples oportunidades, ya ha sido ensayado y cuyos resultados, socializados en papel o en línea, incluso ya han sido recepcionados con éxito.  Un segundo círculo, conectado y sucesivo del anterior, tiene que ver con el efecto del Taller en el contexto de la comunidad donde éste se implemente; es decir, con el desmontaje y crítica de los supuestos teóricos implícitos en nuestra idea misma de la literatura.  Mejor dicho, más bien con los prejuicios que sobre la literatura nos hemos formado y traemos al Taller; los cuales, por lo general, nos restan autonomía y creatividad cuando debemos expresamos a través de la escritura.  En pocas palabras, prejuicios que sobre todo nos restan ciudadanía.  El tercer y cuarto círculo, aunque en estricto desbordan el marco temporal del Taller, consistirían en la intervención social consciente, de parte de los talleristas o ex-talleristas, sobre las instituciones literarias vigentes para intentar volverlas más democráticas y creativas.

Palabras clave: Talleres de creación literaria; talleres de ciudadanía; escritura y ciudadanía.

Más información sobre este  taller: pedro_granados@hotmail.com


CV del tallerista

Talleres como parte de mis funciones como docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú (1975-79), Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo, Ancash-Perú (1980), Contraloría General de la República del Perú (1984), Cornell University (1988-89), Brown University (1990-93), Boston University (1997-2002), Universidade Federal da Integração Latino-Americana (2011-2014), Universidad Nacional Mayor de San Marcos (2018-2020), etc. Otros, en formato explícito de un Taller de Creación Literaria: Providence School Department, Rhode Island, USA (1998-2000); Centro Cultural Espacio 1900, Puebla, México (2004); Acuerdo Secretaría de Cultura/ Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana (2005), Municipio de San Pedro de Yoc (Lambayeque), Pontificia Universidad Católica del Perú, Facultad de Literatura y Estudios Generales Letras (2006-07), Universidad Continental de Huancayo (2010), Museo de Arte de Lima (2016), XIX Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2016), Taller de poesía en Ranhuaylla, Cusco (2017), Colegio Juan Velasco Alvarado de Santa María de Nieva, Condorcanqui, Amazonas, Perú (2021), etc. Asimismo, talleres online y desde 2008, a través del blog “Poesía en su tinta” (http://poesiaensutinta.blogspot.com/);  y, desde el 2007, a través del “Blog de Pedro Granados” (http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/).

Lima, 10/08/22


jueves, 28 de julio de 2022

Primero es el ritmo

 


Primero es el ritmo. Enseguida, como montada sobre él o fundida con él, viene la palabra, el “verbo” (Génesis). Estamos en un momento cultural donde nos hemos extraviado y nos hemos desconectado del ritmo y, por lo tanto, es muy escasa la experiencia de bumerang. El ritmo atraviesa, oscila, envuelve, retorna y crea comunidad. No son las palabras, a las cuales se las lleva el viento. Y no arropan a nadie, empezando por quienes las pronuncian. Ni a cuadrúpedos ni a humanos. Sin embargo, sonámbula, la poesía hoy por hoy empieza por las palabras. Y acaso incluso con la mejor de las intenciones; se trataría de hacer filosofía con ellas. Aunque, con la peor de aquellas mismas, se trataría de establecer con las palabras un decálogo; unas nuevas tablas de auto-ayuda obligatorias para todo el mundo. La auto-ayuda como una nueva ley, sobre todo, post-coronavirus. Algo nada nuevo; sino que ya ha estado ensayándose y gestándose en toda nuestra región como mecanismo de control del imaginario y del deseo: Acción Poética. Poesía sin “patos” (en tanto catarsis y, asimismo, emblemático post-antropocentrismo) y sin “sombra” (Jung). Comer, oler, tocar, deslizarse, sumergirse, ni qué decir hablar, diseñados dentro del más lobotomizado protocolo. El verbo se ha trocado en puro significante o en algo más o menos así. Y la voz nos va resultando extraña en sí misma e incluso indeseable; hoy intentamos, mucho mejor, ser un palimpsesto, la más pulcra imitación de alguien. Toda la distribución de lo sensible (Rancière) contenida en un chip; aquel decálogo en tan acelerada construcción. Lo mismo en los States como en Bolivia. Un grifo que reposa al fondo del patio y que ya, teniendo cada uno agua en casa, ha pasado de cada vez más obscuro a prácticamente invisible.

Ritmo y poesía: Taller de escrituras (poesía, novela muy corta y ensayo)

Informes: vasinfin@gmail.com


sábado, 23 de julio de 2022

"La forma del confín" Carlos Eduardo Quenaya (Perú)

 


Desde el 2008 (Elogio de otra vana invención) seguimos de cerca la poesía de Carlos Eduardo Quenaya (24 años en aquel entonces); allí decíamos  lo siguiente: “no escribe de antemano como peruano y ese es su primer y gran acierto, un peruano de utilería –progresista o reaccionaria– nos referimos; y más bien lo hace como un ser de otro planeta que, sólo por principio de analogía, está próximo a nosotros”.  Luego, al arribo de su segundo poemario: Los discutibles cuadernos (Lima: Praracaídas/ Tribal, 2012), nos reafirmábamos en nuestras palabras de aliento al joven poeta y filósofo peruano; “Canción”, llevaba por título uno de sus textos:

Procuro grabar aquí una canción parecida a la calma

que hay dentro del pozo. Una quietud de aguas y flores

negras, una sombra rota en miles de jirones, una voz de

mujer rebotando en las paredes, una forma que el tiem-

­po ha detenido y queda abierta. Una permanencia que

es como el corazón. Una estridencia, un resquicio, una

visión. Una alegría. Una espuma lenta cayendo sobre las

cosas que atestiguan que además de mí, el mundo eres

tú el bólido apagando y encendiendo cada día y cada

noche. Lo más negro y lo más hondo que es apenas una

velita delante de tu cara.

Los discutibles cuadernos, a modo de una crítica a la poesía pura, a la poesía acabada o sin fracturas o, incluso, sin desniveles.  O crítica a la poesía, a secas. Boutade, palimpsestos, homenajes en sotto voce a poetas de pocas aunque hondas palabras (Rafael Cadenas, Eielson, Luis Hernández).

De modo complementario, toda crítica a la razón poética, y acaso de modo muy particular en América Latina, es también una crítica cultural.  Y, así sucesivamente, una crítica de la educación, una crítica política y, paulatina aunque  cada vez más enfática en la poesía de nuestro autor, una crítica ontológica.  Desde que, y sin entrar en detalles, por ejemplo para Heidegger el mundo que encontramos sería pre-interpretativo:

“A ti no te gusta cómo nos lame la luz. En el viento arden pestañas devorando la órbita que secuestró la magia”

En algún lado Quenaya ha declarado, asimismo, que sus versos: “Son un recordatorio radical de la escritura como un acto del cuerpo”

Hoy, en La forma del confín (2020), donde: “Jeringa patalea frente a la noche que abastece la complejidad”.  Se trata de nuestro Niño Goyito (aquí “Jeringa”, en tanto lúdico protagonista de todo el presente poemario), el cual ahora enrumba decidido, ¿desde el Perú, desde Arequipa?, hacia el vastísimo espacio ontergaláctico.  De modo previo –tratándose de un relato  “de costumbres”–, su “peruanidad” o su “humanidad” y, con ello, el mismo “Jeringa” (Niño Goyito) viajan reducidos y confinados a un “grumo”.  Aleación  de insumos básicos, este último.  Radical materialidad que torna equivalentes, y no sólo análogos, tanto desechos y secreciones como los más atesorados recuerdos: “el torcido lomo de lo íntimo”.  Goyito entonces, en un embate no exento de sátira e incluso auto-ironía, emprendiendo este definitivo viaje: ¿Ulises de regreso al útero materno?; o, lo que pareciera constituir aquí algo semejante: ¿al reencuentro del tacto?

Tacto

hermoso tacto

escúchame:

Gracias

por siempre gracias

Ni una gozadora entrada a la madera (Neruda) ni un ascético Altazor (Huidobro) que fuera liberándose, cada vez más extasiado, de sucesivas y yuxtapuestas capas de cebolla; nuestro Niño Goyito (“Jeringa”) viaja, por el contrario, desconcertado y cagado en los pantalones.  El humor, entonces, tornando más humano el presente “ascenso” o  “descenso” y desinflándole oportunamente la llanta a la abstracción.  Un vocabulario denso, barroco (casi alucinado) y con puntual peso específico –a lo Adán, a lo Vallejo–da cuenta y colabora en que reparemos y nos solacemos de esta particular búsqueda o hallazgo “del sentido”, el cual, aquí se nos testimonia: “En el cordel borracho las palabras lustrosas se aburren, pero de modo artístico reclaman una venia. La música que en el dolor transcurre se pone de pie.  Atípico de furor, verídico de saltos, Jeringa enrolla sus papeles mágicos”

Carlos Eduardo Quenaya ha encontrado finalmente, en La forma del confín, el tono exacto de su decir –ni Rebelais ni Rilke, solos, sino ambos simultáneos– y el punche que para esta jornada requerían sus palabras; en suma, todos y cada uno de sus aparejos de faena.  Pero el viaje continúa.

Pedro Granados