miércoles, 27 de diciembre de 2017

Poesía peruana y mediación conceptual

La capacidad mediadora de la poesía peruana –en perspectiva conceptual o multinaturalista– alcanza su plenitud con Trilce.  Logro que tiene sus antecedentes en el mito de Inkarrí, Dioses y hombres de Huarochiri  y la Nueva corónica y buen gobierno de Huamán Poma de Ayala.  Además, en su reacción a la poesía “mundonovista” del Modernismo (José Santos Chocano) o “telurista” del tipo “Alturas de Machu Picchu” de Pablo Neruda.  Así como, por otro lado, en cuanto aquel poemario de 1922 constituye una elaboración propia del costumbrismo limeño (Granados 2007) –tipo Ricardo Palma, Clemente Palma o José Diez Canseco–; lo mismo que del criollismo o ruralismo del grupo Colónida y Abraham Valdelomar (Granados 2017).
Trilce que tiene en los 30′, a través de la poesía de Martín Adán, a su mejor glosador multinaturalista en clave barroco-coloquial.  Y ya en la generación del 50, dado el interés por la cultura precolombina entre la mayoría de sus miembros –sobre todo entre los motejados “puros” (Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, etc.) y no tanto así entre los “sociales” (Alejandro Romualdo, Washington Delgado, Pablo Guevara, etc.)– al poemario Estancias (1960) de Sologuren como un auténtico heredero de su poderosa mediación conceptual.  Obviamente, una vez catalizada la lectura de este último poemario con la antropología de Claude Lévi-Strauss, el budismo Zen (Susuki) y, no menos, con lo que ha elaborado Eduardo Viveiros de Castro sobre el pensamiento amerindio.  Estancias, entonces, cual un concatenado repertorio de ideogramas o discretos diseños con los cuales entablar, desde el Perú, un diálogo intergaláctico.
Seleccionamos a Javier Sologuren, a quien dedicamos nuestra tesis de Bachiller en Humanidades por la PUCP (“Estancias, síntesis de imágenes aéreas en la poesía de Javier Sologuren, 1944-1960”) (Granados 1987) y no, por el contrario, a Jorge Eduardo Eielson o Blanca Varela –habiendo estos últimos incluso rescatado de modo explícito la herencia precolombina en sus poemas– porque en el primero de ellos prima el existencialismo tanto como, en la poesía de Varela, predomina el expresionismo. Ahora, no es que no sea posible, implicando a Lévi-Strauss o a Viveiros de Castro en nuestra tarea, levantar una topografía multinaturalista a partir de la lectura de aquellos poetas peruanos; sino que la poderosa fanopea de Javier Sologuren –acaso de modo paradójico en tanto poeta “puro” o en menor grado “ideologizado”–  mapea y sintetiza aquella mediación de manera simple y sorprendente elocuente (Rebaza Soraluz 2000).
Por otro lado, y de manera secuencial, generación poética peruana de los años 60-70 que, a semejanza del subgrupo de los poetas “sociales” del 50′, estuvo intensamente interesada, acaso con la solitaria excepción de Luis Hernández Camarero, en lareal politik y no en lo post-humano (otra manera de aludir al multinaturalismo).  Así como los poetas peruanos –del 90 y del 2000– escasamente se concibieron amerindios.  Y, más bien, estos últimos ventilaron en sus obras diversos tipos de problemáticas globalizadas y urbanas como la de la identidad (género, etnicidad), ecología e incluso multiculturalismo –el cual no debemos confundir con el multinaturalismo–, además de ensayar un desmontaje semiótico generalizado: “giro lingüístico”, “giro visual”, etc.  Ante este panorama, es recién hasta la poesía de la denominada generación de los años 80 (por ejemplo, Magdalena Chocano) y, también, la de dos poetas contemporáneos y al mismo tiempo marginales  de Hora Zero (años70) como José Watanabe y Vladimir Herrera, cuando la mediación conceptual vía el “giro ontológico” o el multinaturalismo o el post-humanismo –aunadas a la extraordinaria irradiación de Trilce— se torna marcadamente relevante e influyente en toda nuestra región (“Vallejo en español selvagem y portunhol trasatlántico”).
Feliz 2018 a todos, su carnal.

martes, 14 de noviembre de 2017

Unas hojas quietas...


Unas hojas quietas inquietas comestibles vomitables extrañas inhallables tristes serenas frescas acogedoras maltratadas resecas testigas llorosas solitarias olvidadas extravagantes ocultas anhelantes rebeldes alzadas filudas penetrantes sangrantes las de la  poesía en mí


lunes, 13 de noviembre de 2017

PEDRO GRANADOS em Tradução

Soledad impura por Diana Araujo Prereira
*
Um profundo sopro de ar.
Espelhos, pequenos e nublados,
rodeando-nos e refletindo-nos.
A morte está perto. Mas você
até mais próxima.
Levanto a mão. Acaricio teus cabelos
e teus seios.
Roxo de emoção.
Expludo. Desapareço.
Pouca coisa é a vida ante emoção tão certa.
Teu corpo nu saiu pelo meu umbigo
e do meu ventre. É assim como te reconheço.
Tuas pernas e tuas cadeiras antes eu já tinha beijado.
Como cada um dos teus braços abertos
e dos teus lábios ainda fechados.
Minha morte em tuas palavras.
**
Toupeira. Campeão da solidão.
Católico até na meleca.
Lascivo quase sempre.
Construtor de origamis: de bolas
e de aves bem dobradas.
Sem cara definida. Salvo
pelos lábios de peixe. Pelas escamas.
Crescido sem entender a dor nem as desgraças.
Capturado pela morte, num jogo
que começou inocente e ao qual não nos convidaram.
Resgatado por essa mesma inocência.
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martes, 7 de noviembre de 2017

Poetry of Pedro Granados traslated to English


TRASLATORS
Laura Middlebrooks is a graduate of Mt. Vernon High School in Alexandria, Virginia and received a dual undergraduate degree in Spanish and Latin American Studies from the College of William and Mary. She holds an M.A. degree in Latin American Studies from the University of New Mexico with concentrations in Community and Regional Planning, as well as Women and Development. Dr. Middlebrooks earned her second M.A. in Romance Languages from the University of Pennsylvania. At Boston University she wrote her Ph.D. dissertation on the sexual rhetoric of translation in the works of Puerto Rican authors Rosario Ferré and Esmeralda Santiago. She joined VCU in 2008 and has taught linguistics, history of the Spanish language, translation, interpretation and all levels of grammar.
Indran Amirthanayagam, nació en 1960 en Colombo, Ceylon, ahora Sri Lanka. Es Consejero de Asuntos Públicos en la Embajada de los Estados Unidos en Puerto Príncipe, Haití. Es Bachiller en Literatura Inglesa de Haverford College y tiene una maestría en periodismo de la Universidad de Columbia.  Es poeta, ensayista y blogger en inglés, español, francés, portugués y creole haitiano. A la fecha ha publicado diez libros de poesía, incluyendo The Elephants of Reckoning (Hanging Loose Press, NY, 1993) que ganó el Premio Paterson 1994 en los Estados Unidos, Uncivil War (Tsar Books, Canadá, 2013), y Sin adorno: lírica para tiempos neobarrocos (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2013).  Su ahora legendario primer poemario escrito en español, El infierno de los pájaros, fue prologado por José Emilio Pacheco e ilustrado por José Luis Cuevas. Carlos Monsiváis lo presentó en la Casa del Poeta una tarde de la primavera de 2001.  Su blog es http://indranamirthanayagam.blogspot.com

domingo, 5 de noviembre de 2017

Taller gratuito de poesía con Pedro Granados


Organiza “Vallejo sin Fronteras Instituto” (VASINFIN)
Presencial: mediados de noviembre-mediados de diciembre 2017.
En San Borja (Lima), lunes y miércoles de 3: 30 a 5: 30 pm.
Inscripciones:
vasinfin@gmail.com
Cupo limitado

PEDRO GRANADOS, Lima, Perú, 1955. Poemarios: Sin motivo aparente (1978), Juego de manos (1984), Vía expresa (1986), El muro de las memorias (1989), El fuego que no es el sol (1993), El corazón y la escritura (1996), Lo penúltimo (1998), Desde el más allá (2002), Poesía para teatro (2010), Poemas en hucha (2012), Activado (2014) y ROXOSOL (in progress).

miércoles, 25 de octubre de 2017

Para Lila y Fernando, in memoriam

Como el perro que a veces
Saca  sus ojos de perro
Y su hocico de perro
Y su pichula de perro
Así mismo te amo yo
Te agredo yo
Y desaparezco
Luego de tocar la luna
Una exaltación y un extravío
El tuyo
El mío
Nuestros hocicos de luna
Nuestras narices de muerte
Gritos contra  la soga la varilla el cable
De arrastrar elefantes o navíos
Esta pesadísima espera
Me reviento contra el aire
Contra el reposo
De haber sido hasta esta hora esto
Una guitarra no hace dos tambores
Y  tu voz es la que  decide ahora mi suerte
Una navaja un pétalo de azucena corta
Todo lo que en esta vida nos ha ido atando
Y nos ha secuestrado
Un ejército un beso el nuestro una mutua mirada
Extendiéndose rápido y mucho más hondo que el aceite

domingo, 3 de septiembre de 2017

SPINOZA-VALLEJO

Mis manos juegan con el poema
Como con una pequeña piedra
Dedos sin huellas digitales
Piedra que un perrito lame
Mientras estropea
Todo lo delicado que toca.
Pero todavía así y a pesar de todo
Pequeñas piedras como las que
Lanzamos al cielo y éste
Invariablemente evita.
Piedras como el agua que recordaba
Como mi alegría entre las mariposas
Y los pájaros
Que se desprendían de aquel huerto.
Piedras como dados
Piedras como pezones
Que un día sustraje u otro día
Quedaron entre mis manos
Como sin darme cuenta.
La mente es todo nuestro cuerpo
Como lo entendieron Spinoza, el holandés,
Y César Vallejo, el de Santiago de Chuco.
Pensar con las manos
Recoger a través de ellas
Arrancar desbrozar uncir
Levantar muy en alto
Entre ambas el poema
Que también se va de manos
Y que es desde donde nos viene el alma
Pira de piedras
Precaria llama que activa
Pareciera que por capricho el poema.
Como sin darnos cuenta.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Soledad impura: algunos comentarios

Diseño carátula: Marita Ibánez
Pedro Granados, Soledad impura (Lima: Edición del autor, 2009) 92p
ISBN: 978-9972-33-987-5
Algunos comentarios:
Paradójica y sabia poesía la de Pedro Granados. Desbordante de energía afirmativa en su dicción sobria, coloquial y filosa como el cuchillo de un carnicero taoísta. Ella sirve de refugio a un furioso, temible y tierno animal -ávido de eternidad en tránsito-, que olfatea y palpa el cuerpo erógeno donde confluyen la temible desnudez de la mujer, el neón seductor de la noche y la retracción desafiante de la página en blanco. Voz del desierto en la ciudad y el hueso. Palabra de una soledad y de un exilio que al decirse, crean el espacio de un posible encuentro. Poesía del acoso y de la pérdida, del apetito de altura y del fluir del mar…. La escritura de Granados intenta crear un “nosotros” en el peregrinar iniciático y en el desasimiento. Con desengañada dureza en ciertos versos cortantes, el sujeto nómada nos permite asomarnos a una geografía poética personalizada, que extrañamente logra transmitirnos un hechizo: las aproximaciones inverosímiles, los amorosos abrazos disyuntivos y el doloroso arte de vivir cayendo… Con Granados la poesía toca, ataca, explora la textura hiriente de las cosas, y descubre -como un Ulises que no llega nunca a Itaca porque el único asentamiento es el viaje-, que una posible y frágil salvación tan sólo nos aguarda en el goce fluyente del poema encarnado.
Armando Almánzar-Botello (República Dominicana)
Hay cierto minimalismo formal en la poesía de Pedro Granados, cuyo trabajo he venido a conocer sólo recientemente. Ello, sin embargo, no equivale a una reducción de la capacidad expresiva ni de la complejidad de su visión. Al contrario: el verso corto, la pausa constante ponen un énfasis particular en cada una de sus ideas. Estas parecen desenredarse progresivamente, como si buscaran ir más allá de lo dicho anteriormente.
He encontrado, también, algo ausente en mucha de la poesía reciente: un arriesgarse por el sentido, un sentido que no se esconde detrás de metáforas vagas. Me ha agradado en particular el tratamiento de las historias familiares, el peso simbólico o real del Perú y su pasado, y las reflexiones sobre la escritura poética, un tema presente en la mayoría de los poemas.
Alfredo Alonso Estenoz (Cuba)
Soledad impura es la ola de la tormenta perfecta que está por tumbarnos en su aparente quietud, pero que contrariamente nos mantiene maniatados en la zozobra: la de nuestra memoria, la de nuestra experiencia amorosa y la de nuestra vagancia trascendental por el mundo.
Juan Carlos Ramiro Quiroga, “Soledad impura entre pulp fiction y la gripe A” (fragmento) (Bolivia)
La voz poética es consciente de que la vida es una narración, es consciente de esa tensión entre muerte y lenguaje, entre vida y lenguaje. La vida es escritura y lectura, es un libro.
Jessica Freudenthal, “Pedro Granados, Apántropo” (fragmento) (Bolivia)
Puntualidad de lo cotidiano y abrigo de lo siempre presente, la poética de Pedro Granados es como una doble conjunción de espacio y tiempo. En ella, el mundo se despliega como un mapa de las emociones, pero, a la vez, como el esfuerzo por la conquista del lenguaje “otro”. Geografía de la pasión e inserción de ésta en la geografía material de los objetos que de alguna manera nos pueblan.
Gustavo Ruiz Pascacio (México)

martes, 15 de agosto de 2017

Asteriscos

*
Tú me haces volar. Y comprobar, como hace la lengua de cualquier animal, lo mucho que te amo. Apretados contra un muro. Contra la historia que lentamente nos come, que nos comerá sin apenas despeinarse. A ver, en orden. Todo el cromatismo del amor que he conocido. Y entre todos ellos uno. El que menos amo. El que todos los días me hace aprender a amar. El que voluntariamente me encuentro amando. Como la tierra o el pavimento sobre el cual duerme cualquier animal.
**
Soy de Foz por ahora. Del granizo que nos hace percibir muy cerca al invisible sur. Que nos obliga a leer al granizo de modo distinto y, a la vez, igual al que tampoco nos cae en los andes porque siempre lo evitamos. Cojudos no somos. Más bien hartamente cuerdos y despiertos y políticos y risibles como todo el mundo. Con políticas a mí. Con el amor a mí. Con todo lo conocido a mí. Aparto mi brazo de mi cuerpo y encuentro tu brazo. Un girasol de mi tamaño y sonrío. Hablo a ese girasol como un animal. Porque está allí. Si no estuviera allí no le miraría ni le hablaría. Y porque ese girasol da buena sombra me acuesto a su regazo.


domingo, 13 de agosto de 2017

Ayahuasca sin ayahuasca Vallejo


Comprobamos en la UFAC (Rio Branco, Acre, Brasil), junio 5-9, y de modo fehaciente, que César Vallejo no es sólo un gran poeta; sino también –por cierto, no únicamente entre los Andes y la Amazonía–  un extraordinario mediador conceptual.  Sobre todo cuando propusimos poner en paralelo, en el aula, nuestras lecturas autobiográficas o auto-ficcionales de “Borges y yo” (El hacedor, 1960) y “Huaco” (Los heraldos negros, 1918).  A través de este ensayo fue patente ver cómo tenemos en la poesía del peruano una alternativa al “giro lingüístico” que representa la obra de Jorge Luis Borges.  Por lo tanto, percibir el modo cómo del humanismo (autobiografía en tanto “autenticidad”, susceptible de evaluarse por la historia, psicología, sociología, etc.), pasamos al concepto de autobiografía como “escritura” (personificación o prosopopeya). Y de aquí al posthumanismo o mejor cabría denominar multinaturalismo o “giro ontológico” –que no tiene ya más al hombre como centro, sino que junta cultura y naturaleza– el cual ilustra, repetimos, sobremanera la obra de César Vallejo.  Tercera vía –respecto al humanismo y al “antihumanismo” del “giro lingüístico”  – la advertida ya por los estudiosos brasileños Tânia Stolze Lima y, de modo acaso más sostenido, Eduardo Viveiros de Castro desde 1996.  En este sentido, no dudamos que desde ahora mismo e incluso más en los próximos años –aunque para bien, porque se va en busca del  sentido— se configure todo un fenómeno epistémico global; algo semejante a un “Ayahuasca sin ayahusca Vallejo”.  Que esto último no constituya depredación y poesía.  Que queden algunos réditos por aquí y que aquello no se patente –en exclusiva– en el primer mundo, depende únicamente de nosotros.  Poesía, la del peruano, toda ella poderosa y limpia; libre de toxinas, adulteraciones  o agotadores viajes.

martes, 25 de julio de 2017

LAVAR LA POESÍA (Manifiesto para completar)



Contra el desmadre de la media del ego

Y contra la literatura de auto-ayuda

Que se va tomando las paredes de las calles

No, a la acción poética

Sí, a la acción de la poesía

Entre nuestros muros

No, al exótico que se jacta de su exotismo

Ni al renacentista que no la ve

Sí, al díscolo,

Que no cuenta sus versos y le atina

Sí, al que no luce su letrero de post-autónomo

Porque antes ya muchos hicieron poesía por él

Entre los primerísimos, su propia madre

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Cada vez me parezco más a mi hermano Germán


Filmado hace algunos años (¿2000?) en un sótano del barrio de East Boston (Mass, USA)
Videasta: Alberto Roblest (México)
Traductor: Alan Smith Soto (Costa Rica)

lunes, 17 de julio de 2017

Recuerdo de Eielson

He tenido (tengo) algunos mentores fundamentales para mi vocación y dedicación –conscientemente desde los quince años– a la poesía: mi madre, Lastenia; mi hermano Germán (obrero-poeta); Martín Adán (algunos conocen la anécdota de que la lectura de mi libro, Juego de manos, precipitó su deceso); Javier Sologuren a quien , hacia mis veinte años, visitaba eventualmente en su casa de Los Ángeles, Chosica; Manuel Velásquez Rojas, que reseñó mi primer poemario, Juego de manos (1978), con generosidad suma;  y también, por supuesto, Jorge Eduardo Eielson, a quien leí y él también me leyó.

domingo, 16 de julio de 2017

15 años de los “Poetas vivos y más vivos del Perú”

“Los poetas vivos y más vivos del Perú (y también de otras latitudes)” es un texto de 2002, aunque creemos que luego de 15 años sigue fresco.  En general, me reafirmo en lo que escribí allí.  Aunque añadiría que también ya me hastió, en tanto poeta, Carlos López Degregori (el cual se “salvó” en el texto primigenio), por unidimensional; es decir, por no dar pistas de que saldrá algún día de su monólogo y conflictos de clase media, de su narcisismo ya rancio.  Y, también, agregar que el mayor aporte de Mario Montalbetti a la literatura y al pensamiento del Perú, fue el haber llevado –hacia los años ochenta– los recitales de poesía al Olivar de San Isidro.  Asimismo, que la noria del “Taller de poesía de San Marcos” –que dirigen o dirigieron Marco Martos con Hildebrando Pérez por cerca de medio siglo– fue lo segundo peor que le ocurrió a la poesía peruana; por contentarse y fomentar –bueno, acaso los tiempos no daban para otra cosa– el hipo-realismo bajo todas sus formas, prototipos de poetas incluido.  Decimos lo segundo peor, porque lo primero siguen siendo los versos y la crítica de poesía o de arte que publica los domingos El Comercio; verbigracia, los párrafos de porfiado de J.C. Yrigoyen o los del invariablemente precoz S. Pimentel.  Lo que urge más en nuestra poesía trasatlantica es talento y, en seguida, valentía, imaginación y buen humor para sacarlo adelante.  La poesía es un don, pero al mismo tiempo “la poesía es dignidad” (acaso el mejor verso de Luis Hernández Camarero).  Por lo tanto, debemos hacernos dignos de ese don que constituye, a la larga, una sensibilidad que se sabe colectiva –como en su radical individualidad lo supo siempre César Vallejo– aunque ni políticos ni asesores de alguna cosa ni comerciantes ni profesores, de puro metidos, van a reconocer que no son poetas.  Por más teoría de la recepción que en su descargo los socorra o post-autonomía de la literatura que intente ampararlos.
En fin, de cara al futuro, me provoca establecer un balance de la crítica de la poesía peruana, digamos, post-Mariátegui.  Y, también, de la crítica a nivel de la región o, más bien, trasatlántica.  La poesía es su crítica.  Labor por ahora complicada porque –para variar– carezco de auspicios; aunque de algún modo mi manuscrito engavetado, “Autismo comprometido: sobre poesía hispana reciente”,  brinda ya algunas luces.  Lo que sí podría anticipar es que en este periodo hemos tenido la suerte de tener pésimos lectores de poesía; gracias a los cuales reaccionamos e intentamos cultivar  nuestro propio huerto.  Entre tozudos reaccionarios/ as –que no aceptan, por ejemplo, sea el “cholito” César Vallejo, y no el clan Cisneros, el que realmente da la cara al mundo por el Perú — o lectores “comprometidos”  que, de modo invariable,  confunden la poesía con un discurso de ocasión.  Fascistoides que trajinan a Eguren, hombre humilde y poeta probo, lo jalonan de aquí para allá para oponerlo a Vallejo; como si  éste no hubiera sido el primero en reconocer la grandeza de Eguren, y dejara a nosotros percatarnos que este último está ya íntegro como una parte de Vallejo (sobre todo en Los heraldos negros).  Sin embargo, es justo advertirlo, en el periodo también hemos contado con algunos excelentes lectores  de poesía: Beatriz Sarlo, Julio Ortega, Amálio Pinheiro, Boris Schnaiderman o Teresa Guillén, a modo de muestra.

jueves, 13 de julio de 2017

¿Cómo se reconoce inmediatamente un buen poema?

-¿Cómo se reconoce inmediatamente un buen poema?
Si al leerlo anda como en otra parte.
-¿Cómo reconocemos uno malo?
Si se empecina en deleitarnos, enseñarnos, enternecernos, sujetarnos a la pata de su alegría o de su dolor.

Hemos recibido –con vivo apetito y curiosidad– los ensayos, reseñas y notas que, sobre poesía, Pedro Granados ha venido publicando en la Internet y que han sido –son– fundamentalmente una invitación para discutir, para agitar lo de sobra conocido y, muy a menudo, también para ponernos sobre la pista de un poeta, un poema, una imagen, una idea que nos acompaña y que resulta, a la larga, una especie de ventana para mirar y escuchar y retornar más ventilados y ligeros; mejor dispuestos, tal vez, a la poesía.
Esta mirada de Pedro cumple con lo que los lectores de poesía esperamos, al menos los que creemos que leer poesía puede ser también una forma de jugarnos la camisa (para decirlo a la manera de un poema suyo). Porque es difícil encontrar otro nombre, entre nuestros actuales críticos y reseñistas, que pueda acompañar al autor de Prepucio carmesí en este intento por proponer una lectura persuasiva y audaz de lo que pasa en el ámbito de la poesía hispana reciente. Y no, obviamente, porque la crítica –ni siquiera la de poesía – haya pasado de moda.
Allí donde la crítica se vuelve monocorde, astuta o ensimismada en su cómoda cháchara, la poesía simplemente pasa de largo. El autismo de este libro viene de la mano, felizmente, de una transparente hondura, de sutiles e iluminadores hallazgos y, sobre todo, de una alegre sabiduría que se transmite con la anuencia y complicidad del lector.
Carlos Eduardo Quenaya (Arequipa – Perú, 1984). Poeta y filósofo.

domingo, 9 de julio de 2017

Taller de poesía online por cuencas culturales: “para encontrar tu propio ritmo o ecualizarlo”

Caribe, para sacudirse de Pablo Neruda.

Cono Sur, para que en nuestro pacto con el lector no intentemos, desde un principio, pasar por sujetos poéticos listos.

Brasil, para que nuestro performance (cuerpo y ritmo) aterrice mejor en nosotros mismos y luego, y con más potencia, en el papel u otro soporte a través de la escritura. No estamos conminados a la poesía de autoayuda (“acción poética”); ni, tampoco, limitados a trascribir en portunhol selvagem.

Área andina, para que leamos en su real dimensión y expresión, de modo gozoso, a nuestro César Vallejo.

Amazonía, para sacudirse del espejismo y culto de los formatos –exotismo, multiplicidad de lenguas u otros mimetismos– y optemos siempre, más bien, por las sensibilidades (ejemplo, la poesía de Luis Urteaga Cabrera); éstas, nuestra lengua común.

Latina (USA), para, a ejemplo de Tino Villanueva, dialoguemos más fluidamente con las demás cuencas culturales; y encontremos que nos ligan más afinidades que nos separan diferencias.

España, para que una vez superadas la “poesía de la experiencia” y la “poesía de la conciencia” y la “poesía de la chocolatina”, etc., percibamos todo ello como desde otra margen, la de América Latina; para, luego, permitir filtrarse a borbotones toda esa oralidad y poesía –a cada paso y a cada minuto y también a cada lectura de los clásicos– del territorio de España.

México, porque no todo fue Octavio Paz ni todo debe ser ahora infrarrealismo o un Bukowski, no de sótano, sino de vitrina. Porque en nuestro contrato con el lector no empecemos por apuntarle con un revólver.

En español, portunhol selvagem, spanglish y un largo etcétera.



150 dólares por ocho horas a lo largo, máximo, de un mes. Pagos vía Wester Union.
Contacto:
pedro_granados@hotmail.com

domingo, 2 de julio de 2017

Pedro Granados/ Gustavo Ruiz Pascacio


Puntualidad de lo cotidiano y abrigo de lo siempre presente, la poética de Pedro Granados es como una doble conjunción de espacio y tiempo. En ella, el mundo se despliega como un mapa de las emociones, pero, a la vez, como el esfuerzo por la conquista del lenguaje “otro”. Geografía de la pasión e inserción de ésta en la geografía material de los objetos que de alguna manera nos pueblan.

 http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2008/08/29/sobre-esta-poesia-gustavo-ruiz-pascacio/

domingo, 18 de junio de 2017

[Apenas unas yemas sobre el papel]


A Edgar Altamirano
Apenas unas yemas sobre el papel
La pantalla de la computadora
Una luz delante como un aura
El aura misma
Tu madre misma
La inmortalidad
El amor
La más terrible belleza
No hay otra
Y esto no es lo de menos
Cuando veas por la escotilla de la nave
La nube errante la isla errante
La tierra pequeña y desnuda
El mismo brillo de aquella entrañable presencia
Le escribo al insecto
Y al hocico de mi perro
Y al amigo
Y al que ahora mismo está solo
Y en un sitio remoto
Entre pantallas brillantes
Entre auras entre bellas
Entre madres entre verdades
Escribo al mono
Al que conmigo va
A  mi recién nacida estrella

Junio 2017