martes, 14 de septiembre de 2021

USA INSIDE

 


Roosevelt Island

Ayudado por el viento y el río

reviso mis poemas.

Nada son aún

pues penden de mi boca:

ni una piedra con moho

ni una lengua de agua.

A bajo vuelo, soy la gaviota

que husmea el pez.

El fuego que no es el sol (Lima: Ediciones de los Lunes, 1993)

[No conozco Nueva York]

No conozco Nueva York,

todavía no conozco nada

de Nueva York.

Ayer me llevaron a Jones Beach:

gente morena como en cualquier playa de Lima,

mar marrón,

gaviotas enormes entre otras más enormes todavía.

También, como siempre, el amor

desfigurándome el rostro, haciéndome un monstruo

en Lima, Madrid o Jones Beach.

La garra del amor.

Y ahora estoy limpiando un cuarto

y acomodando una pequeña biblioteca

y escribiendo

–echado de sexo sobre una alfombra violeta–

sobre Jones Beach o sobre Pessoa

o sobre la poesía íntegra de Alejandro Romualdo

o sobre los argonautas de Malinowski,

libros que he revisado hace un momento.

Como un mono amante de una reina

como una serpiente llamando

a la puerta de un pubis

como una fiera dentellando las fauces.

Así escribí siempre y así escribo ahora,

antes de vomitar para no morirme de hambre

como en un festín romano.

O antes de llamar a un teléfono que no suena,

que no puede sonar porque está muy lejos,

que no debe sonar

porque ya no existe.

El muro de las memorias (Ithaca, NY: Latin American Books, 1989)

A Manoli

Camino sobre las aguas congeladas del lago Cayuga

con algo de humano sobre el hielo.

A mi derecha los patos tranquilos y las inquietas gaviotas

y yo queriendo predecir

qué hay más allá del hielo de la rutina,

del hielo de lo posible.

Las ramas desnudas de un árbol cercano

me dicen de los caminos múltiples y tangibles,

también ellas quisieran predecir.

Pero vuelvo la mirada sobre esta orilla increíble,

inesperada,

y puedo dar testimonio de su certeza y realidad.

Como de las líneas imaginarias de las ramas de aquel árbol

separadas y enredadas todas

en un punto que alcanzo apenas a distinguir.

El muro de las memorias (Ithaca, NY: Latin American Books, 1989)

[Estoy en Main Street , Buffalo]

Estoy en Main Street , Buffalo,

persiguiendo un sueño por la vía del tranvía.

Frente a mí los edificios son juguetes

que han olvidado de guardar.

Todo está en calma.

Nada es imposible.

Mi vida podría cambiar con una sonrisa

a la luna.

Estos son los últimos acontecimientos:

ya soy lector de Cornell University,

y ahora viene con sus ojos muy juntos el tranvía.

También puedo llorar con los últimos acontecimientos.

Pero mejor es sonreír,

hasta que se queme la última bombilla

de este jirón infinito,

hasta que recojan esta despensa

de vivos colores.

Mi vida podría cambiar con una sonrisa.

El muro de las memorias (Ithaca, NY: Latin American Books, 1989)

[En medio del ruido]

En medio del ruido.  En medio de las imágenes asociadas a estos

Ruidos.  Imágenes que empapelan poco a poco esta soledad.

Imágenes de mis semejantes de esta hora: negros, latinos, grin-

gos pobres que acuden a su laundry dominical en Pawtucket.

Imágenes asociadas a mis semejantes –para los ojos de unos y de

otros–, imágenes de panteras, de ovejas, de anfibios, de ángeles

anónimos.  En medio del ruido.  Entre la voracidad de los

tragamonedas y el vapor de la atmósfera.  Entre la distinta

población de ángeles que se aglomeran a contemplar la escena.

Hombres y ángeles hipnotizados ante las máquinas que giran y

giran sin cesar.  Calcetines azules, bragas verdes, toallas amarillas,

sábanas percudidas puestas a menearse sin tregua.  Consumo

barato.  Carne de cañón.  Astronautas expertos en este vertiginoso

laundry de Pawtucket.

El corazón y la escritura (Lima: BCRP, 1996)

Poema de la violencia en Brown University

Diluidos por un líquido eficaz.

Al fondo de la sucesión de los actos

o a sus márgenes.

Como en la adolescencia

–solos o abrazados a nuestros enemigos

en una unidad difícil de reconstruir ahora,

difícil de consentir–.

Por tantas huellas dejadas ya de aquí hacia allá,

por tanto vapor en la huida.

Debimos ser como las piedras.

Pero nos movimos,

Pero nos movieron como al animalito exótico

(la soga al cuello

y las uñas curvas al ras del pavimento).

Infancia y adolescencia en el Perú.

Una a una fueron surgiendo las palabras,

una a una fueron sobreponiéndose

–imitando al mar–

en nuestro barrio de purita tierra.

La violencia existió siempre,

filtrándose en los zapatos,

filtrándose a través de los muros.

Pero nuestra mirada era más grande que la violencia,

sabía llevar, sabía traer,

sabía sumergir y renovar las cosas,

las voces, purificar los instintos.

Aunque no fuimos puros, nunca lo fuimos.

La violencia existió siempre,

recortada como un segundo rostro,

como un tercer rostro,

pero no como el rostro definitivo

entre nuestras estoicas gentes.

La violencia existió siempre.

aun allá en los juegos,

aun allá en los enamoramientos.

Como la lavaza del bulto que se lava,

como la espuma de la cerveza.

La violencia con sus faldas sucias

y sus caras sucias.

La violencia de zapatones de Celestina

y labios de Urraca.

La violencia del rasposo patio de la vecindad.

(Es por eso que a más de uno nos gustaba

escupir sobre esas paredes

y sobre aquellas del rincón que formaban la casa

creando así transparencias, salidas,

otros túneles de lo humano).

La violencia existió siempre,

pero también existimos nosotros.

La violencia sin todas las variables en la palma de la mano,

justo así como nosotros y como cada uno de ustedes.

La violencia que no controla todo, que felizmente no sabe

lo que sus hijos piensan.  La violencia temerosa del futuro

y de las calles tan violentas.  La pudorosa violencia que no llama

a las cosas por su nombre, que no se atreve a amar.

La violencia con sus males de ojo.  Con su tarde o temprano.

Porque largo la hemos mirado y le hemos sobrevivido.

Porque largo le hemos dado a comer directamente de la mano

y conocemos su hendidura, su hedor, aquello que la hace más feliz.

Por eso pendeja (en peruano) nos reconoce y nos teme,

y se está aquí cerrándonos las piernas.  Tal como si no

supiéramos,

ya de sobra.

Tal como si hubiéramos olvidado.

El corazón y la escritura (Lima: BCRP, 1996)


domingo, 5 de septiembre de 2021

Amerindios, Pedro Granados: reviewed by Elizabeth Brunazzi

 

New York, Ithaca (Cornell University), 1988

Pedro Granados, Amerindios/Amerindians.  Artepoética, Colección Rambla de Mar, editors, Carlos Vasquez Torres and Jhon Aquasaco (cover and images), Nueva York, 2021

English Translations: Leslie Bary, Sasha Reiter, Isaac Goldemberg

ISBN-13: 978-1-94-75-88-4

“Bary’s introduction provides valuable guideposts to the Peruvian, long-distance cultural context incorporated in Granados’s poetry: the rising back to the surface of consciousness and accessible expression of the elemental forces of the earth; of animal life as it is understood across species; and of the spirit as it bridges time and the physical body. These features of Granados’s poetry are especially engaging at a time when the evolution of styles of North American poetry is tending more and more to the prosaic and the over-exposed, daylight world of reportage, a form of journalism, much like developments in fiction, and “literature” in general”

[La introducción de Bary proporciona valiosos puntos de referencia para el contexto cultural peruano de larga duración incorporado en la poesía de Granados: el resurgimiento de la conciencia y la expresión accesible de las fuerzas elementales de la tierra; de la vida animal tal como se la entiende en todas las especies; y del espíritu como puente entre el tiempo y el cuerpo físico. Estas características de la poesía de Granados son especialmente interesantes en un momento en que la evolución de los estilos de la poesía norteamericana tiende cada vez más hacia el mundo prosaico y sobreexpuesto, a la luz del día del reportaje, una forma de periodismo, muy similar a los desarrollos en la ficción, y la “literatura” en general]



lunes, 16 de agosto de 2021

Climber (Enredadera): Pedro Granados, translated by Leslie Bary

 

https://www.beltwaypoetry.com/?p=53132&preview=1&_ppp=5460d9c5f0

Climber

I
Grab that pole and soar like a creeping vine
The night cold will not bother me at all
The relentless frost of dawn
If I eat drink breathe
It is grace already
Toward my instinctual goal
Sleepwalking automatic
To one side papers packages debris
Foul air
Dense and impure words
Between my root and me
Between that pole and me
Visible and invisible threads
To climb slowly like a sloth
True and sure like a snake
Among those filaments
The unseen strand
That put me back in Lima
That threaded me to your love
Blind night the one that sees
Beyond our eyes
Now that it wets my cheeks
Mud and rough concrete
I crawl upon
With my gaze and feel with thought
With the half-open corners of my lips
And part of my tongue yes indeed
With my breath clogged by mud
Which is the earth I breathe
The same as a dog
Just like the hyena
Gobbling its prey in desperate pieces
Like the little bird who can take no more
And adds another lump to the earth
I head on and climb then
Guiding myself by the voice that calls me
By the one who shouts my name
And stretches loving arms out to me
And disappears again
Or delays
Because that’s how she gets me to keep climbing
Like the creeping vine that I am
Mud flowers that we all really are
Each one
And never only poets

II

Reach for that nail
It will be a bit tough
Peninsula exposed to the sea
Wave inside
Snail reptile
Extension of the shadow
Gradual
But sure and inevitable
Toward what we need
The wave or nothing
Nothingness or the wave
Naked in socks
Or altogether naked
As on a set of scales
My fish
My hands steady
Greedy
“I love your style”
Against those street haunches
Incense caught in skin
That I am heading for now
Towards which against everything
I guide myself
As if
Toward a parallel heart
Or parallel breath
Remember it remember it
A loose sun
Untied for a time from its other
Night against night my days
Until perhaps
Reaching for that nail
And spilling ourselves down from there
Pure wings on air
Hanging swinging
Pure green on an untouched landscape
All trembling besides
All accomplished

Enredadera

[Agarrar mi guía y elevarme]

Agarrar mi guía y elevarme tal una enredadera
El frío nocturno no será nada tampoco
La escarcha inevitable del amanecer
Si como si bebo si respiro
Ya es una gracia enorme
Para mi objetivo inconsciente
Sonámbulo o en automático
A un lado papeles bultos desperdicios
Aire viciado
Palabras densas e impuras
Entre mi raíz y yo
Entre mi guía y yo
Hilos visibles e invisibles
Para escalar lento como el perezoso
Seguro y cierto como la serpiente
Entre aquellos últimos
El hilo invisible
Que me puso de nuevo en Lima
Que me ensartó otra vez a tu amor
Noche ciega la que ve más allá
De nuestros ojos
Ahora que humecta mis mejillas
El barro e incluso el hormigón
Sobre el que me arrastro
Con la mirada no siento menos con el pensamiento
Con las comisuras entreabiertas de mis labios
Y parte de mi húmeda lengua eso sí
Con mi respiración taponeada por el lodo
Que es tierra la que respiro
Igual que el can
Igual que la hiena
Cuando engulle a trozos desesperados su presa
Igual que el pajarillo que no pudo más
Y añade un grumo más a la tierra
Enfilo y trepo entonces
Me oriento por la voz que me llama
Por la que pronuncia mi nombre
Y me extiende sus brazos amorosos
Y desaparece de nuevo
O tarda
Porque así me va animando a subir
Como la enredadera que soy
Flores de fango que en realidad somos todos
Cada uno
Y jamás únicamente los poetas

[Alcanzar aquel clavo]

Alcanzar aquel clavo
Será algo difícil
Una península al mar expuesta
Ola dentro
Reptil caracol
Extensión de la sombra
Paulatina
Pero segura e inevitable
Hacia aquello que necesitamos
La ola o nada
La nada o la ola
Desnudo en calcetines
O del todo desnudo
Y como sobre balanzas
Mis peces
Seguras mis manos
Golosas
-me encanta tu estilo
Contra aquellas nalgas de barrio
De incienso de piel de esclava
Hacia las que enfilo ahora
Hacia las que contra todo
Me oriento
Como si hacia un corazón paralelo
Se tratara
O respiración paralela
Recuérdalo recuérdalo
Un sol suelto un tiempo
Del otro desprendido
Noche contra noche mis días
Hasta acaso
Alcanzar aquel clavo
Y desde allí derramarnos
Alas puras sobre el aire
Batientes suspendidas
Puro verde sobre un paisaje intocado
Todo trémulo por demás
Todo cumplido



martes, 10 de agosto de 2021

A un joven poeta todavía

 

Ukulele o charango o ambos.  Percibo que has alcanzado una frontera que divide lo acostumbrado de un otro posible.  O, lo que es lo mismo, una página liminar donde ya no te convence todo lo anteriormente elaborado y tienes expectativa de lo que vendrá.  Aquel amor que en tus versos es un pretexto para bucear, constituye más bien ya un tópico, algo incluso molesto del que debes sin mueca alguna deshacerte.  Tus potencias creativas y tu imaginación están allí, pero falta una chispa que no sustituye la reflexión que ahora atizas.  Lo tuyo es estar loco, siempre loco, mantenerte a salvo  –al menos para la poesía– en este noble estado de flotación.  Encarna en tu gata, pero no escribas sobre ella, esta puede ser una entrada decente a un mundo tan necesitado de aquello hoy en día.  Ni utopía ni distopía, sí posantropocentrismo.  Rechaza todo gesto didáctico, lo tuyo es la creación.  Encuéntrale la vuelta a la política, juega a espaldas de los defensores de la ética; aquel espacio creado sobre el gramado, justo frente al arco rival, es por donde debes precipitarte como una tromba.  No se niega la política ni la ética, pero se la mira al trasluz de la poesía.  En otra época se calificaban y punían las intenciones; sin embargo, hoy no existiendo las intenciones, tampoco éstas podrían evaluarse.  Una cartilla de buen comportamiento rige nuestras vidas, las públicas y las privadas.  Nos vamos  quedado sin aire para respirar y, el aire, es lo mínimo para que pueda sobrevivir también la poesía.  Que es el viento mismo, la gracia abundante, la rotunda y fiera belleza.  Aunque esto, hoy en día, pareciera que tampoco lo sabemos aquilatar.  Y sólo anhelamos encajar en ser ecológicos, holistas, “buenas personas”; previsibles en todo, en suma.  ¿Qué cómo andan los poemas que me has enviado?, pues bien y ahora mismo publico en mi blog  alguno de ellos.  Pero no por las huevas sabes tocar el ukulele. 

(A los jóvenes poetas, sobre todo de mi país, sepan tocar o no el ukulele)

lunes, 9 de agosto de 2021

HUMAREDA(S)


Para Luis Jaime Cisneros, i.m.

Como su nombre lo indica

Incienso

No hablo aymara ni quechua

Pero entiendo perfectamente

La mueca del beodo

Del que lleva el íntegro de su mundo interior

A la playa desierta de su  mirada

Lo oculto jamás es mayor que lo evidente

Y el hombre acaso sea una bolsa de mierda

Lo dijo un español, no Goya ni Quevedo

Un muchacho que atendía por ahí

En su bodega de ultramarinos

Aunque Humareda serían las heces del ángel

Como la poesía de Martín Adán

Otro borracho que a veces permitía

Oteáramos su chispa

Humareaba tras el mismísimo “orgasmo de Dios

Hecho para cisma”

En fin, que muy en el fondo Víctor y Martín

Serrano y costeño

Son exactamente lo mismo

Como que ambos se meaban

Dentro de sus pantalones

O que en el fondo

No les interesaba ni hembra ni varón 

Imantados a la maniobra

Aprendida y mejorada con la práctica

De encaramarse de un salto

Sobre su alfombra mágica

Y coincidir  ambos sobre el cerro más próximo

De Lima

Para contemplar desde allí

No sin discreto deleite

Lo bien hecho que estaba el mundo (Jorge Guillén dixit)

Dos zorros jugados a cuchichear

Lo que ya de sobra conocían

Y sin perder de vista jamás 

El cierre de la chingana más próxima

Ni varón ni varona

Como le acomodó también

Aunque con sus altibajos

A Jorge Eduardo Eielson

“Sucede que me canso de ser hombre/

y también de ser mujer”

Pero sin que hallemos tal romanticismo

En la catadura clásica de Adán o de Humareda 

Atentos los dos a su ponche de invierno

Tanto como Góngora, en aquella inolvidable letrilla,

Lo estaba a sus  castañas asadas

Que yo no sé quechua, aymara tampoco 

Ni entiendo cosas de borrachos

 Únicamente en español


©Pedro Granados, 2021