domingo, 18 de octubre de 2020

RECONOCIMIENTO DE POETA ROSELLA DI PAOLO

 

más valdría haber sido simplemente un ataúd

o no salir nunca del puerto

nunca talados los árboles que me hicieron

navegar

me importa un bledo

el aceite que mueve el mundo

 De: La silla en el mar (2016)

Isabel Sabogal, Magdalena Chocano y Rosella Di Paolo; tres poetas peruanas contemporáneas (Generación de los 80) y ex estudiantes de la PUCP, son todas autistas.  El fuero más íntimo de las tres, no sabe de varón ni de mujer ni de su tiempo, aunque alguna de ellas sea nada menos que una destacada historiadora; pero sí sabe de  poesía.  Encandilado espejo, no delimitado por marco alguno, por el que se miran, a través del cual siempre se han mirado. Y sin mudanza tampoco, el fiel espejo les ha ido devolviendo, a cada una de las tres, su más íntimo atisbo; el de  niñas o doncellas cuyo rostro desvió, alguna vez y sin retorno, la mismísima poesía.  Que esto que les ha sucedido, que ha sucedido, sea bueno o malo en medio de un país tan maravilloso y, al mismo tiempo, tan injusto y corrupto como el Perú; justo constituye la otra perspectiva. La que divide o desune porque es ascética (la consciencia va de a pocos) y es crítica; y no un regalo como en el caso de la experiencia anterior.  Aunque incluso resolver un arduo teorema matemático tenga su algo de gracia.  De conceptos, recuerdos o sensaciones de los que no huimos; sino, muy por el contrario, aceptamos, aquilatamos y agradecemos.  Y es esto, queremos pensar, lo que no divide, lo que constituye un regalo, aquello que –antes de “premiarse”, sería absurdo– la Casa de la Literatura Peruana ha sabido reconocer en unos versos que no claudicaron ante el “aceite que mueve el mundo” ni desviaron su hechizada mirada.


sábado, 29 de agosto de 2020

La mirada, transfondo

 


Tal como lo comentaba por correo con el poeta Carlos Llaza, en ocasión de la publicación de La mirada (Buenos Aires: BAP, 2020), autor de la “Presentación” del libro, este poemario se correspondería o dialogaría estrechamente con un artículo largo y todavía inédito titulado, “Vallejo en Arguedas: ahora y siempre”.  Ensayo donde concluyo que, finalmente, contra lecturas políticamente correctas o incorrectas de su obra, J.M. Arguedas en el Zorro de arriba y el zorro de abajo – y ante Chimbote– es un ser que mira él mismo, y no sólo  aquellos zorros hechos uno, convertido en un “ceque”: prolongación sagrada de un punto de visión que viene desde el Koricancha.  Es decir, que de viejo estoy llegando a una etapa o situación, involuntaria o no consciente, en que la crítica va comulgando espontáneamente con la poesía, y viceversa.  Aunque, para completar el panorama, debemos añadir que aquel poemario también remitiría a una anécdota, y muy poderosa.  En concreto, a un relato o confidencia que nos hiciera nuestra madre en relación al asesinato de su padre, autoridad política recién nombrada por el gobierno de Augusto B. Leguía y acabadita de llegar a Cangallo (Ayacucho).  Época muy convulsa en todo el territorio nacional el paso de pardistas a leguiístas –años veinte del siglo pasado–, y en particular en la región de la sierra, tanto norte como sur.  Mi abuelo fue víctima de una venganza orquestada por un par de hermanos latifundistas locales.  Bueno, mi madre –la cual presintió la muerte de Demetrio Agüero, así se llamaba su padre– se fue derecho a casa de una tía que guardaba las llaves de la iglesia de Lampa (Ayacucho), pueblo donde vivía con su madre, las tomó, y no se detuvo hasta estar ante el Cristo cuyos ojos celestes, casi cerrados,  intempestivamente se abrieron para consolarla y darle ánimo.  Mi madre estaba en sus siete años y, cuando vinieron a darle la noticia, ella más bien  consoló a tío Moisés, quien la trató de mijita mientras la cargaba muy en alto.

Por lo tanto, plasmación de algo real y reiterativo, fruto de una anécdota o un sueño, no sólo ha sido Roxosol (2018), sino también La mirada; en este último casode uno de los relatos fundacionales de este apiñado pechito.  Pero, ojo, “mirada” entendida en tanto y en cuanto acto desmesurado, máxima empatía,  socorro extremo.


domingo, 16 de agosto de 2020

Amerindios/Amerindians, ¿qué nos propusimos?

 

“Lengua de animal puro con que habla mientras la palabra es una bala certera al corazón”.Pablo Macera (“Prólogo” a El fuego que no es el sol, Lima: Ediciones de los lunes, 1993)

Nos propusimos pensar desde esta parte del mundo.  Pensar que no implica deshacerse de las emociones ni de los datos de los sentidos, incluido aquí el del pensamiento mismo.  Argumentar acompañado de una retórica situada; aquella  del paisaje americano y, en particular, del paisaje andino.  Trascender lo anecdótico; lo políticamente correcto; todo subgénero de literatura de auto-ayuda.  Aquello que piensa el grupete de amigos, a la larga siempre los mismos, guardianes y auspiciantes –en exclusividad– de lo que puede ser razonable.  Lo nuestro no consiste en pensar en libertad, lo cual es privilegio de algunos pocos que no piensan.  Lo nuestro es pensar de modo urgente, obligatorio y muy concentrado; tal como los niños en sus juegos.  Nacer, a modo de Pariacaca, simultáneamente de cinco huevos.  Y darnos “en bloque”, tal como César Vallejo, sobre todo en el pensamiento.

Lo nuestro fue pensar aquí para tocar hasta allá; aquella  última isla o cabeza de nuestro iluminado archipiélago.

Lo nuestro constituyó pensar y gozar.  No existe pensamiento amerindio; amerindios somos todos.  Como un delfín es un ser humano; aunque éste ya quisiera ser un delfín.

Pensar como una actividad que supera a la muerte; como un ejercicio donde todos somos perdonados.  Es más, en tanto una práctica que uno no puede ejercer si previamente no está perdonado.  Pensar para el perdón.  Perdonar y perdonarse para pensar.  Y llegar tarde a clases si en ello hemos estado entretenidos.  Tarde al bautizo, al matrimonio, a comprar aquella barra de mantequilla en el super mercado.  Pensamientos: bancos de peces de colores, oscilantes y que van de aquí para allá.

Si el pensar de la hormiga y aquel del taladro son, en profundidad, exactamente el mismo.  Cómo no lo será el de un amerindio frente a uno que no lo sea.  Amerindios todos entonces: líquenes, arañas diminutas, ladrillos de construcción, tractores –importados o no–, plegarias.  Todo un cúmulo de bellezas o de fichas con las cuales ponerse uno inmediatamente a jugar.  Toda  una fuente de luz que deslumbra porque se mueve y es de muchísimos y muy vivos colores.  Todo un dolor que se ha trocado en dicha por el único hecho de haber sido pensado.  Tal como, de modo previo a Amerindios (2020), ya lo habíamos formateado en un poema –ahora clave– de 1996; nos referimos a “[Estamos pensando]”:

Estamos pensando. Bola de fuego.

Bolo de fuego.

Red. Honda. Veneno.

Manos abiertas.

Estamos pensando. Aquí

en Santa Cruz de la Sierra.

Vapor. Señales de humo. Raíces.

Sin corazón estamos pensando.

Sin precisamente reflexión.

Sólo con el acorde

de algunos recuerdos. Porque eso somos.

Sólo con esa masa de objetos

sobre la superficie del río. Entreverados.

Separados. Disueltos. ¿Quién sabe?

Sólo con ese rumor y ese olor

que cubren el aire. Que instalan

como volutas sobre el río: Pensamientos.

Estamos pensando con un fino cedazo.

Entre branquia y branquia del pensamiento

una tela muy fina. Holandas

para lo visible y lo invisible. Cariño.

Estamos pensando con amor. Este es el secreto.

Esto es lo ignoto para todos los días.

Pensar con amor.

Y así el peje y la salamandra y el martillo

algo tendrán en común por el solo hecho

de haber sido expresados.

La esperanza también y las hojas de la palmera

algo tendrán en común.

De El corazón y la escritura (Lima: BCRP, 1996)

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sábado, 8 de agosto de 2020

[Adelántate a los hechos]

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Adelántate a los hechos

No seas huevón ni huevona

Que en tu universidad gringa

Justo antes que te jubiles

Te van a preguntar por mí

Que qué es esta poesía

De la cual todo el mundo habla

Menos tu currículum

Ni tus sílabos

Que qué fue

Esto en las universidades

De medio pelo

Porque en las mejorcitas

Te dirán que qué mierda

Enseñaste entonces

Sobre América Latina

Que tergiversaste que desorientaste

Que mandaste al desvío

A tus pobres estudiantes

Que qué te pasó qué te paralizó

Que importaste a USA únicamente tu barrio

A tu grupo de  anuentes y serviles amigos

O, peor aún, que lo tuyo fue una farsa

Una auténtica comedia

En la que sólo tu suma ingenuidad confiaba

Hacías a espaldas de tu propia institución

¿ A quién creías que así manipulabas, pendejo?


© Pedro Granados, 2020


miércoles, 5 de agosto de 2020

Esquema de la poesía peruana: siglo XX al presente


“Vallejo era el principio y el fin” (JMAEl zorro de arriba y el zorro de abajo)

Variables:

MITO (M)

SOCIEDAD-HISTORIA (S-H)

INDIVIDUO (I)

Vallejo ← Ѳ

Esfera dividida en dos partes equivalentes, una superior y exterior, y la otra oculta (Trilce); con cada uno de sus puntos, al interior de ambas, asimismo equidistantes y con igual rango de valor respecto a una de la otra.  El lenguaje, particularmente en Trilce, emana de esta línea divisoria entre aquella esfera.  Trilce, en cinabrio: “El color del tránsito, el mediador entre el día y la noche” (Carlos Brignardello).  Lenguaje liminar.

Eguren  Lenguaje simbolista.  Mundo alterno y alternativo: Realidad/ Noche.

Adán: Asume este mundo, pero en sus fragmentos (Barroco).  El sujeto poético no se otorga mucha importancia.  El lenguaje brota desde (S-H) –al centro mismo del poema– tras sucesivos y cada vez más breves círculos concéntricos, luego de M e I; es decir, desde la desubicación y deterioro de I.  Se adelanta al Barroco-coloquial (años 80-90) donde la poesía, respecto a los 50-60,  ya no constituye de modo preponderante S-H; sino que existe también un espacio para un desubicado I.  Narcisismo sin o con extremo narcisismo, aquello que va de Adán a, por ejemplo, la poesía escrita por mujeres en los años 80.

GuevaraDelgadoRomualdo, etc.  El lenguaje parte de M, el círculo concéntrico más periférico o distante de I y S-H.  Aunque de una lectura urbana de M, en términos de Socialismo.  Paradigma sanmarquino (UNMSM) por excelencia, aunque con formación e imaginación.  Y no la propuesta hipo real, y en automático,  en la que derivó la poesía “sanmarquina” a partir de los años 70 y hasta hoy en día.  Por ejemplo, incapaces de exorcisar al Covid 19 en sus poemas, se conformarían con abonar alguna teoría conspirativa sobre el tema.

Eielson [Varela] se halla ausente S-H, el mundo oscila entre M e I.  Y el lenguaje emana desde la intersección entre M e I (semejante a Paz, “el instante”).  Junto y de manera semejante a  Szyszlo o a MVLL, ciertamente interesados en cultura y arte precolombinos, aunque con exclusión del “cholo calato”.

Sologuren, mundos paralelos y alternos  de catadura trascendente –neorromántica o neoplatónica– de 1944 a 1960.  Pero desde Estancias (1960), mundos paralelos y también alternativos, aunque de carácter radicalmente distinto: inmanente y de ascendencia multinaturalista (Eduardo Viveiros de Castro) o budista Zen.  Aquello que en Eielson es significado y glamour, en Sologuren constituyen significantes listos –alfabeto– para una mediación conceptual y universal.

Hinostroza, el M(ito) del padre se halla al centro íntimo o entre S-H e I.  Aunque I no logra reparar la frustración, carencias o humillaciones de M; sólo las repite y, al final, las hace suyas (M=I).  Todo sucede en el ámbito privado de I.  Semejante a Cisneros, aunque en el caso de este último aquellas frustraciones –impostadas o “sobrescritas” (Julio Ortega)– representan más bien las zozobras de una específica clase social; en el Perú, aquella de muy “discreto encanto” (I=S-H); de allí el fácil recurso para captar simpatías –uso y abuso–del monólogo dramático.  Gesto que  algún poeta de los años 80 (Montalbetti) quisiera incluso se eleve o merezca el premio Nobel.

Luis Hernández Camarero, mundo en carpe diem en plena época naturalista o “canillita” de Hora Zero.  No existe el individuo, el lenguaje brota del estado de intersección o de gracia entre S-H y M (el mito de un  Sol espléndidamente núbil).  Es el primero que lee a Vallejo en clave gozosa, aunque no menos casual: “¿di, mamá?”.

Texto relacionado:

Poesía peruana post-Vallejo: De los indigenismos a las opacidades


sábado, 1 de agosto de 2020

Crónicas de César Vallejo en el XI CONGRESSO BRASILEIRO DE HISPANISTAS (Recife, septiembre 1 al 4)


Titulo: “Y ME QUEDÉ VALLEJO ANTE MUCHAY”: BIOGRAFÍAS SOBRE EL AUTOR DE TRILCE

Autor: Pedro Granados

Área Temática: Estudos de Literatura e Cultura

Data da apresentação: 04/09/2020

Horário da apresentação: 16:30 as 18:30

Sala: COMUNICAÇÃO LIVRE – ESTUDOS DE LITERATURA E CULTURA | MESA 13. FILIAÇÕES E DESLOCAMENTOS NA LITERATURA DA AMÉRICA LATINA II

http://www.hispanistas.org.br/xi-congresso-brasileiro-de-hispanistas/

Resumen

El autor de Trilce atraviesa,entre 1924-1929, no sólo un trance de definición o ubicación político-ideológica, sino también, y de modo simultáneo, político-multinaturalista (Viveiros de Castro).  De esto da cuenta, por ejemplo, la crónica “Un atentado contra el regente Horthy”; y su reescritura en otra crónica, casi idéntica, aunque con significativas omisiones: “Teoría de la reputación”.  Luego de un sumario recuento de las biografías sobre César Vallejo, y de un análisis detenido de aquellas crónicas, se propone una nueva plataforma teórica, multinaturalista, como base para las futuras biografías del famoso autor peruano.

Palabras clave: Crónicas de César Vallejo; biografías vallejianas; política-ideológica y política-multinaturalista


jueves, 2 de julio de 2020

Por una revisión de la poesía peruana –y su crítica– post-pandemia

“Los poetas vivos y más vivos del Perú (y también de otras latitudes)” es un texto de 2002, aunque creemos que luego de 18 años sigue fresco.  En general, me reafirmo en lo que escribí allí.  Aunque añadiría que también ya me hastió, en tanto poeta, Carlos López Degregori (el cual se “salvó” en el texto primigenio), por unidimensional; es decir, por no dar pistas de que saldrá algún día de su monólogo y conflictos de clase media, de su narcisismo ya rancio.  Y, también, agregar que el mayor aporte de Mario Montalbetti a la literatura y al pensamiento del Perú, fue el haber llevado –hacia los años ochenta– los recitales de poesía al Olivar de San Isidro.  Asimismo, que la noria del “Taller de poesía de San Marcos” –que dirigen o dirigieron Marco Martos con Hildebrando Pérez por cerca de medio siglo– fue lo segundo peor que le ocurrió a la poesía peruana; por contentarse y fomentar –bueno, acaso los tiempos no daban para otra cosa– el hipo-realismo bajo todas sus formas, prototipo de poetas incluido.  Decimos lo segundo peor, porque lo primero siguen siendo los versos y la crítica de poesía o de arte que publica los domingos El Comercio; verbigracia, los párrafos de porfiado de J.C. Yrigoyen o los del invariablemente precoz S. Pimentel.  Lo que urge más en nuestra poesía trasatlantica es talento y, en seguida, valentía, imaginación y buen humor para sacarla adelante.  La poesía es un don, pero al mismo tiempo “la poesía es dignidad” (acaso el mejor verso de Luis Hernández Camarero).  Por lo tanto, debemos hacernos dignos de ese don que constituye, a la larga, una sensibilidad que se sabe colectiva –como en su radical individualidad lo supo siempre César Vallejo– aunque ni políticos ni asesores de alguna cosa ni comerciantes ni profesores, de puro metidos, van a reconocer que no son poetas.  Por más teoría de la recepción que en su descargo los socorra o post-autonomía de la literatura que intente ampararlos.
En fin, de cara al futuro, me provoca establecer un balance de la crítica de la poesía peruana, digamos, post-Mariátegui.  Y, también, de la crítica a nivel de la región o, más bien, trasatlántica.  La poesía es su crítica.  Labor por ahora complicada porque –para variar– carezco de auspicios; aunque de algún modo mi manuscrito engavetado, “Autismo comprometido: sobre poesía hispana reciente”,  brinde ya algunas luces*.   Lo que sí podría anticipar es que en este periodo hemos tenido la suerte de tener pésimos lectores de poesía; gracias a los cuales reaccionamos e intentamos cultivar  nuestro propio huerto.  Entre tozudos reaccionarios/ as –que no aceptan, por ejemplo, sea el “cholito” César Vallejo, y no el clan Cisneros, el que realmente da la cara al mundo por el Perú — o lectores “comprometidos”  que, de modo invariable,  confunden la poesía con un discurso de ocasión.  Fascistoides que trajinan a Eguren, hombre humilde y poeta probo, lo jalonan de aquí para allá para oponerlo a Vallejo; como si  éste no hubiera sido el primero en reconocer la grandeza de Eguren, y dejara a nosotros percatarnos que este último está ya íntegro como una parte de Vallejo (sobre todo en Los heraldos negros).  Sin embargo, es justo advertirlo, en el periodo también hemos contado con algunos excelentes lectores  de poesía: Beatriz Sarlo, Julio Ortega, Amálio Pinheiro, Boris Schnaiderman o Teresa Guillén, a modo de muestra.
* Una versión menos ambiciosa de este último ya fue publicada, Autismo comprometido: Sobre poesía peruana reciente (Lima: Paracaídas Editores, 2013); libro que mereció –al margen del incisivo denuesto por los gazapos ortográficos allí colados–  una muy generosa lectura por parte del finado y recordado  Marco Aurelio Denegri.
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