miércoles, 31 de agosto de 2016

Aguas móviles de la poesía peruana: De los formatos a las sensibilidades

Según Bernat Padró Nieto [“Los salones parisinos de César Vallejo (1924-1926)”.  Vallejo 2016.  Actas del Congreso Internacional Vallejo Siempre.  Lima: Cátedra Vallejo, 2016. 277-290]: “A ojos de Vallejo, tanto los falsos vanguardistas como los neoclasicistas padecían un grave error: reducían el arte y la poesía a una mera cuestión de formatos, que es el aspecto del arte más fácil de imitar y el que antes se banaliza” (278); y enseguida agrega: “Con el desplazamiento del espíritu nuevo de la forma hacia la sensibilidad que la orienta, Vallejo sintetizaba la cuestión de la poesía nueva sin necesidad de asumir como propia la dicotomía vanguardismo-clasicismo […] “La cuestión clave del arte y de la poesía nueva, dice Vallejo, es fisiológica.  Por ello discute la dimensión elitista que pretendían darle [y en la que andaban errados, recuérdese el éxito del Cubismo] Ortega y Gasset o Guillermo de Torre, que consideraban el arte nuevo impopular porque la masa no lo entiende” (286).  Prejuicio que amerita el siguiente corolario de Padró: “La apuesta por la sensibilidad por encima de la forma y la convicción de la dimensión humana de un arte producido desde la sensibilidad, constituían una posición estética extraordinariamente moderna.  Justamente esa dimensión humana podía hacer del arte y la literatura una actividad política [Bourdieu, Rancière, Latour, etc.]” (287).  A lo que cabría añadir, en vistas a dilucidar los alcances de la “sensibilidad vallejiana”,  que ésta no se puede explicar tampoco sin tomar en cuenta su fundamental componente cultural.
Es decir, acaso es tarea de la academia, hoy más que nunca, intentar superar –a modo de un salto cualitativo– las clasificaciones y taxonomías y atrevernos a evaluar la “poesía nueva” en cuanto y en tanto “sensibilidades nuevas” en o para un contexto determinado.  Y, asimismo, atrevernos a trabajar  en el aspecto cultural con opacidades (mixturas, hibrideces, simultaneidades) ya que, de modo casi unánime, partimos de esencialismos o privilegiamos temas o motivos: esta poesía es andina — incluso ‘quechua’– porque habla de determinados temas o con determinado vocabulario; esta otra es del “lenguaje” porque es más o menos metalingüística; o esta otra es “meramente” coloquial o anticuada; etc.  Así no llegamos a ninguna parte; salvo a que nos editen el libro porque cumple de antemano con una agenda de intereses más o menos políticamente correctos; peor aún, más  o menos concertados con la institución literaria vigente o dominante.
En este sentido, los estudios de Antonio Cornejo Polar, de José Antonio Mazzotti, de Luis Chueca y, ahora, de Paul Guillén [“Prólogo” de Aguas móviles.  Antología de poesía peruana 1978-2006 (Lima: Perro de Ambiente, 2016)] — citados aquí porque gravitan, a su vez, en los criterios teóricos del antologador– insisten  en formatear y no decir mucho.  En su descargo, Guillén de algún modo lo admite al decir que los poetas antologados pueden –en la práctica– compartir un poco de cada cosa; es decir, acaso podrían ser  coloquial-surrealistas, aborigen-glosemáticos, concretistas-coloquiales; etc.  Y esto de por sí acaso ya constituya un gesto que amerita un posterior desarrollo.  Otro mérito de Guillén, aquí, es haber prescindido de ciertos autores por inercia previsibles y, en realidad, incluso impresentables.  Y, además, a pesar de ser  Guillén devoto de Hora Zero, mostrarnos probablemente  la mejor muestra de poesía de los 80 –en muchos aspectos fundamentales contraria a Hora Zero— que conocemos.  Atinada  micro-muestra de los 80 por la variedad, sustancialidad y diferencia de los poetas convocados; incluso, una especie de corpus desde donde podemos empezar productivamente a estudiarla.  Ver cómo, por ejemplo, al escribir Roger Santiváñez quizá se arriesga en el lenguaje, pero no en el diseño de su yo poético, por lo general  bien pertrechado, auto-persuadido y docente.  U observar, en el polo opuesto, la extraordinaria evaporación del yo y de sus trabajos en los fragmentos de Magdalena Chocano (bebiendo de Adán, Sor Juana y J. E. Eielson).  De qué manera, el siempre joven Reynaldo Jiménez, no va más allá de un Javier Sologuren oculto o bien camuflado, ya que un mismo –y de similar modo– “azahar” a ambos desvela.  Ver cómo, la siempre joven y guapa, Patricia Alba, es la verdadera madre del cordero; es decir, de la poesía escrita por mujeres de aquellos años; sin el decoro excesivo, más bien ideológico,  de Rosella Di Paolo,  ni  los desplantes de Rocío Silva Santisteban; y no sólo la escrita por las mujeres.   En fin, atisbar  la manera por la cual Domingo de Ramos construye la andanada de sus rompecabezas (“como” + encabalgamiento) sin necesidad de ir más lejos.  Etc, etc., etc.

Los autores incluidos en el libro son: Yulino Dávila, Carlos López Degregori, José Pancorvo, Dida Aguirre, Oswaldo Chanove, Mario Montalbetti, Enrique Sánchez Hernani, José Morales Saravia, Iván Suárez Morales, Pedro Granados, Roger Santiváñez, Magdalena Chocano, Renato Sandoval, Reynaldo Jiménez, Patricia Alba, Eduardo Chirinos, Domingo de Ramos, Rossella di Paolo, Mariela Dreyfus, Rafael Espinosa, Odi Gonzales, Juan de la Fuente, Maurizio Medo, Xavier Echarri, Javier Gálvez, Jorge Frisancho, Willy Gómez Migliaro, Miguel Ildefonso, Victoria Guerrero, Darwin Bedoya, Manuel Fernández, José Carlos Yrigoyen, Giancarlo Huapaya, Andrea Cabel y Tilsa Otta.

jueves, 18 de agosto de 2016

Mar de Lambayeque

Todo cráneos
Todo cláxones
Todo polvo funerario
Entre las ramas de los árboles
El mohín de los bebés
Los párpados de mis atareados paisanos
Campos de labranza
Del otro mundo
Mentes taconeadas de tierra
Arenas que el colibrí fue liberando
Desde tiempos inmemoriales
Sobre el corazón y el amor y la esperanza
Arena 

2: 30 pm.

jueves, 4 de agosto de 2016

Tardíos setenta: el caso de la poesía de Pedro Granados/ Gaspare Alagna

Pedro Granados publicó Sin motivo aparente bajo el sello de Cuadernos del Hipocampo que dirigiera el ilustre narrador, hoy desaparecido, Luis Fernando Vidal. La edición, de escasos trescientos ejemplares, salió adelante gracias a unos bonos de pre-publicación que circularon sobre todo en los claustros de la Universidad Católica, donde Granados estudiaba literatura, y en la facultad de Letras de la UNMSM donde Vidal era ya un reconocido y muy estimado joven profesor. El volumen era el tercero de una “Serie de las primicias”, colección que se había iniciado en 1977 con Discurso de las intenciones puras, de Jorge Luis Roncal, y Furia de la arcilla de Carmen Luz Bejarano. Luego, entre otros numerosos títulos, vendría por ejemplo Antes de la muerte (1979), de Roger Santiváñez, o –ya en los 80– un poemario muy afortunado en su recepción como lo fue Noches de Adrenalina (1981) de Carmen Ollé.
Sin motivo aparente no cayó en saco roto, casi inmediatamente fueron apareciendo breves reseñas, alguna entrevista al autor y comentarios de la crítica de ese entonces. Por ejemplo, parte del cuestionario de Luis Freyre a Pedro Granados, en “4 Palabras Con…” (La Prensa, 27/06/1978), va como sigue:

 http://www.omni-bus.com/n5/pgranados.html

sábado, 23 de julio de 2016

AL FILO DEL REGLAMENTO (Poesía: 1978-2005)


La poesía de Pedro Granados (Lima, 1955) irrumpe en el contexto peruano altamente politizado de los años 70. Su poesía fue y es, incluso hasta ahora mismo, un gesto de estilo incomprendido, pero no por ello quizá menos asimilado en secreto, particularmente por los otros poetas de su generación. La palabra de Granados refulge viva y joven hoy más que nunca; ha sabido no envejecer prematuramente.
Mirada Malva edita su poesía reunida con Al filo del reglamento, en la que se incorpora el poemario inédito [a la fecha] Soledad impura, escrito entre los años 2003 a 2005.


http://www.miradamalva.com/biblioteca/Al%20filo%20del%20reglamento.pdf

viernes, 8 de julio de 2016

Cuando pasa por la voz


En la sección Cuando pasa por la Voz, de La Máquina del Pensar, que dirige Pablo Silva Olazábal en Radio Uruguay, el poeta peruano Pedro Granados lee poemas de su autoría.


 

viernes, 24 de junio de 2016

[Miro la herida]


La voz hidrata el texto más reseco
Kenneth Goldsmith

Miro la herida
Que me inflingió la correa
De la cual por un momento
Mi perro se liberó
Mi muñeca sobre el césped
La correa quemando
Mi cabeza hacia mi perro
Y un poquito más allá
Hacia el niño
Al que se dirigía mi perro
Que no muerde pero ladra
Muy feo
Y es como si mordiera
Mi muñeca sin piel
Hasta hace ahora mismo que
--y luego de varios días-- cicatriza
Donde justo iría la correa del reloj
Una costra humana  en vez de la esfera
De la que me ha liberado mi perro