Todos leemos y escribimos desde un lugar (cultural, social, retórico, etc.) y ser cada vez más conscientes de ello ayuda a volvernos no sólo más lúcidos de nosotros mismos, sino a desarrollar de un modo más personal nuestra propia escritura. Si deseas ensayar o desde ya cultivas este género, mediante una conexión virtual leeremos juntos tus poemas, potenciaremos tu producción literaria y publicaremos tu trabajo en este portal o en otros semejantes. Contacto: pedro_granados@hotmail.com
I He tocado Madrid Un adoquín de granito áspero A la altura de mi cabeza Una tarde más bien fría Tranquila y contemplativa Tocaba leve y afirmativamente Eso sí Con el índice y el cordial De mejillas sensibles y ojos entre cerrados ¿Por qué lo hice? ¿Estaba feliz estaba triste? Dedos contra un agua propicia Como quien se adentra en sí mismo Áspera gris fría íntima Escueta ventana La de las piedras que duermen Hacia las piedras que nunca descansan Torsos macizos y atentos Y no menos discursivos
II
Un hombre pasa y toca La piedra desmenuza y cuela Ambos son dúctiles Pero mucho más la piedra El hombre escribe en Lima Junto a su perro, Mique Y frente a algunos libros No anda solo A menudo van con él Una mujer Y algunos de entre sus muertos Tiene curiosidad Todavía Y el cuerpo en resumen sano Pero sin poner el poema ni la piedra A un lado Ni las yemas ni el tacto Ni sus oídos ni sus ojos Ni sus mejillas Ni el calor ni el aire ni el aliento mismo A un lado
Pedro Granados, La mirada (Buenos Aires: BAP, 2020) pp. 31-32.
Aparezco, por un buen rato, hacia el final del video. Agradezco a William Guillén por la oportunidad de asistir y compartir con los lectores de este espléndido evento.
Gustarìa me hicieran llegar sus comentarios. Gracias anticipadas.
Taller presencial de Poesía auspiciado por VASINFIN, y con la solidaria participación de un artista vecino de Huánuco, Israel Tolentino. Correrá entre los días 19 al 23 del presente mes en la ciudad del León. Aquello de “Trilceanas ciudadanías” viene de un ensayo que puedenleer aquí mismo. Aunque, en estricto, la poesía se enreda entre quienes participarán en el Taller. A nosotros, en tanto sabuesos, nos corresponde sobre todo llamar la atención de su presencia/opacidad; oscilaciones de por sí harto elocuentes. Que no es posible convertirnos en reales ciudadanos de nada, sin antes reparar en la irreal, de tan real, poesía.
Lugares: Dirección Desconcentrada de Cultura ( DDC), Facultad de Educación en la Universidad Nacional Hermilio Valdizán (UNHEVAL), Colegio Isaac Newton y Colegio Nacional Industrial Hermilio Valdizán.
“La soledad, la tribu, el desencuentro, la amargura refleja o autoreflexiva de sus propios poemas, el nihilismo vitalista, el desencanto existencial de lo peruano y hasta de lo universal más frecuentado (valores, toponimias, experiencias), le han hecho huir de tópicos, de manidas interpretaciones, de lugares comunes de la lírica. Su autenticidad es proverbial y su sinceridad es un ejemplo para los escritores de oficio. Porque, deliberadamente sin oficio, Pedro Granados se ha entregado a esa gran tarea de ser poeta. De dejar en la tierra el testimonio, angelical, furioso, humano, de alguien que ha existido y sufrido. Este es un canto hermoso, una sombría dádiva, un regalo de lágrimas, bajo las estaciones de las aves de paso” RSV
Cuentan que en la buhardilla madrileña de Rafael Soto Vergés conviven pacíficamente dos mundos singulares. A un lado, el despacho del escritor y crítico de arte; al otro, el laboratorio del mago, abarrotado de aparatos, naipes gigantes, pañuelos de colores, todo dispuesto en un orden estricto. La poesía es su vocación primera. “La magia es sólo una afición”, comenta con modestia, tratando de disimular el verdadero significado que este arte misterioso tiene para el gaditano: una pasión que le ha hecho viajar por varios países, y le ha deparado la amistad de maestros como Pepe Carroll o Juan Tamarit. La vida se encargó de elegir para él un destino de poeta, pero no consiguió alejarle de los juegos de manos. Una y otra circunstancias se deben, en sus palabras, a su afición al mundo de los mitos, la fantasía y el subconsciente. Y puede que los surrealistas franceses tengan en ello su parte de culpa. Premio Adonais de poesía a los 20 años, la trayectoria de Soto Vergés tuvo una justa recompensa con la concesión en 1994 del premio de la crítica andaluza. “Tal vez fue mi educación burguesa la que me alejó de ser un hombre de espectáculo. Lo cierto es que prefiero que mis libros me presenten a mí, y no al contrario”, comenta. A la hora de sentarse a escribir, el autor de La agorera tiene también algo de mago. Con el mismo desenfado, pero también con idéntica seriedad, mide los versos o inventa un truco en el que unos pingüinos saltan -“increíble, pero cierto”- del cubilete al bolsillo. “En la magia también funciona la retórica de la poesía”, asegura, “y ambas exigen mucha técnica. Una y otra intentan invadir el misterio de la existencia”. Por otro lado, Rafael Soto no duda a la hora de preferir la magia close-up, la del público cercano, a los aparatosos montajes de David Copperfield y otros ilusionistas de masas. Y así su poesía, siempre busca la pureza que otorga la palabra precisa, frente a una lírica en boga que tiende más a lo coloquial. “A la poesía no se le puede echar sifón, hay que escribirla con desgarro. Cuando uno se llena de espiritualidad, es cuando sale la magia”, sentencia con una sonrisa. Ahora, Soto Vergés apura sus vacaciones en Cádiz, una ciudad con la que mantiene una relación de amor-odio. En ella transcurrió su infancia, pero le marcó el pueblo serrano de Bornos, donde pasó sus primeras vacaciones y se inició, curiosamente, en la magia. “Cádiz era una cárcel de agua. En Bornos aprendí a amar la libertad, y las visiones del campo me ayudaron mucho en mi carrera. El mar, en cambio, es demasiado absoluto, me enloquece”, confiesa el poeta. Las paredes de su apartamento están llenas de pinturas y grabados, “regalos de amigos”, dice. Amigos como Fernández Arroyo, Juan Barjola, Mario Cerón, José Caballero o Rafael Alberti, cultivados a lo largo de más de 30 años de estudio de las artes plásticas. En público, Soto Vergés suele resistirse a desplegar sus habilidades. Se disculpa por no tener a mano buen material para hacer trucos, pero cuando se halla entre amigos nunca renuncia a ofrecer un breve espectáculo en el que adivina cartas o ejecuta sorprendentes juegos con monedas de plata. Y entre los cantos a la naturaleza y los prodigios del misterio, deja a un lado por un momento su natural moderación y se atreve incluso a hacer un vaticinio: “No sé que va a ser de la poesía. Pero estoy seguro de que se van a ir al carajo todos los que están viviendo de Cavafis”.
Y otra vez aquella visión: un jirón de cometa descolorido, abandonado, sujeto a los cables de la calle de siempre. Ayer hablé con tu madre —te llamé por amor— pero me di al teléfono con tu madre. Nunca he sentido tantísimo resentimiento en una sola voz. Y entonces advertí que todo volvía a su lugar. Como el invierno en Lima, como el verano en Providence. Ser peruano en cualquier parte del mundo es imposible. Ser peruano huaco y católico, cachero y manatí. Ser peruano brujo. Porque harto han andado la disuasión y el poder, por un lado; y harto han andado la miseria y la pena, por el otro. No hemos visto y olido y palpado por gusto. Un pedazo de noche huele como la tierra. La realidad tiene el contorno de un talle y es muy dulce la verdad. Anochece en esta parte del mundo. Anocheció.
Ya que, según los más conspicuos entendidos/as locales, de antemano estamos en una época de “poetas menores” o poesía culta menor, habrá que recurrir a la calle o, de una vez, abandonar del todo la poesía culta. Este es el gran problema, por ejemplo, con nuestros “talleres de creación literaria” o “escritura creativa” en lugares como la PUCP o la UNMSM. Llevan desconectado su discurso; si son eróticos, olvidan lo social; si son sociales, olvidan el cuerpo; si quieren ser voluntariamente chistosos, nadie ríe con ello; si quieren parecer, en suma, espontáneos, la agenda teórica y el canon –inventado por sus profesores– irremediablemente los maniata hasta la insulsez . Que una cosa constituye el arte del refrenamiento y otra, muy distinta, la auto represión. En el presente performance, en cambio, va todo integrado: historia personal, social, política, humor, necesario desafío a las normas. Cada uno de estos ingredientes integrado a los demás y formando como una orquesta de cámara. A través del ritmo –antes que esta o aquella puntual ideología, ética, holística, teoría igualitaria– que mana desde la calle. Ritmo para unas orejas que hemos taponeado con cera.
Lo más parecido, en el Perú, a la voz aguardentosa de la poesía de Gloria Mendoza Borda. Mito de Inkarrí anclado y vociferante, y no por esto menos reflexivo o inteligente. Pero la ingesta debe continuar hasta estar todos, y en primer lugar la poeta, “bien borrachos”. No otro es el reto ¿y el límite? Merecer estar absolutamente ebrios por encargo y a favor, precisamente, de nuestra comunidad. De lo contrario, si uno lo está sóloa medias, se corre el riesgo, siempre a escasísimos milímetros, de caer en el proselitismo, el folklore o la literatura de auto-ayuda. Tornarnos en el Inkarrí profesional o de utilería que fácil se consume y olvida. P.G.
LIBROS PUBLICADOS POR VIVIANA GONZALES TABORGA: – Teatro mínimo. Colección Gabriela Ynclán. Edit. Padmira. México. 2019. – 13 Poetas emergentes. Ediciones Periféricas. México. Agosto 2020. – Canto de un pájaro de fuego. Editorial Buenos Aires Poetry. Abril 2021.
La capacidad mediadora de la poesía peruana –en perspectiva conceptual o multinaturalista[1]— alcanza su plenitud con Trilce. Logro que tiene sus antecedentes en el mito de Inkarrí, Dioses y hombres de Huarochiri y la Nueva corónica y buengobierno de Huamán Poma de Ayala. Además, en su reacción a la poesía “mundonovista” del Modernismo (José Santos Chocano). Así como, por otro lado, en cuanto aquel poemario de 1922 constituye una elaboración propia del costumbrismo limeño (Granados 2007) –tipo Ricardo Palma, Clemente Palma o José Diez Canseco–; lo mismo que del criollismo o ruralismo del grupo Colónida y Abraham Valdelomar (Granados 2017a).
Trilce que tiene en los 30′, a través de la poesía de Martín Adán, a su mejor glosador multinaturalista en clave barroco-coloquial. Y ya en la generación del 50, dado el interés por la cultura precolombina entre la mayoría de sus miembros –sobre todo entre los motejados “puros” (Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, etc.) y no tanto así entre los “sociales” (Alejandro Romualdo, Washington Delgado, Pablo Guevara, etc.)– al poemario Estancias (1960) de Sologuren como un auténtico heredero de su poderosa mediación conceptual. Obviamente, una vez catalizada la lectura de este último poemario con la antropología de Claude Lévi-Strauss, el budismo Zen (Daisetsu Teitaro Susuki) y, no menos, con lo que ha elaborado Eduardo Viveiros de Castro sobre el pensamiento amerindio. Estancias, entonces, cual un concatenado repertorio de ideogramas o discretos diseños con los cuales entablar, desde el Perú, un diálogo intergaláctico.
Seleccionamos a Javier Sologuren, a quien dedicamos nuestra tesis de Bachiller en Humanidades por la PUCP (Granados 1987) y no, por el contrario, a Jorge Eduardo Eielson o a Blanca Varela –habiendo estos últimos incluso rescatado de modo explícito la herencia precolombina en sus poemas– porque en el primero de ellos prima el existencialismo tanto como, en la poesía de Varela, predomina el expresionismo. Ahora, no es que no sea posible, implicando a Lévi-Strauss o a Viveiros de Castro en nuestra tarea, levantar una topografía multinaturalista a partir de la lectura de aquellos poetas peruanos; sino que la fanopea de Javier Sologuren –acaso de modo paradójico en tanto poeta “puro” o en menor grado “ideologizado”– mapea y sintetiza aquella mediación de manera simple y sorprendentemente elocuente (Rebaza 2000).
Por otro lado, y de manera secuencial, generación poética peruana de los años 60-70 que, a semejanza del subgrupo de los poetas “sociales” del 50′, estuvo intensamente interesada, acaso con la solitaria excepción de Luis Hernández Camarero, en la real politik y no en lo post-humano (otra manera de aludir al multinaturalismo). Así como los poetas peruanos –del 90 y del 2000– escasamente se concibieron amerindios. Y, más bien, estos últimos asumieron y ventilaron en sus obras diversos tipos de problemáticas globalizadas y urbanas como la de la identidad (género, etnicidad), ecología e incluso una construcción cultural filantrópica como la del multiculturalismo; además de ensayar un desmontaje semiótico generalizado: “giro lingüístico”, “giro visual”, etc. Ante este panorama, es recién hasta la poesía de la denominada generación de los años 80 (ejemplos, Magdalena Chocano o este autor) y, también, la de dos poetas contemporáneos y al mismo tiempo marginales de Hora Zero (años70) como José Watanabe y Vladimir Herrera, cuando la mediación conceptual vía el “giro ontológico”[2] o el multinaturalismo –y, no menos, la extraordinaria irradiación de Trilce— se ha tornado tan marcadamente relevante e influyente en toda nuestra región: “Vallejo en español selvagem y portunhol trasatlántico” (Granados 2017b). (P.G.)
[1] Según la cual: “se afirma la unidad (‘universalidad’) de un espíritu cósmico versus la diversidad (o ‘particularidad’) de los cuerpos naturales” (Rizo-Patrón).
[2] “Las aproximaciones ontológicas críticas [ni “naturalismo” ni “constructivismo”] están unidas en su cuestionamiento de la capacidad de la ontología moderna de la sustancia cartesiana—la visión de que el mundo está dividido en dos tipos de sustancias, materia extendida y pensamiento—para explicar plenamente el mundo material. Fundamentalmente, la metafísica alternativa consiste en ontologías relacionales. Más que hechas de objetos discretos o piezas de materia, todas las cosas están constituidas por sus relaciones. […] Un nuevo lenguaje intenta imaginar la compleja topología de estas realidades relacionales, incluyendo la “red” de Latour (2005), la “malla” de Ingold (2007, 2012) y la “mezcla” o “enredo” de Barad” (Alberti 2017). Y, no menos, el “multinaturalismo” (1996); aunque: “Es revelador que el objetivo de Viveiros de Castro –sistematizar el pensamiento amerindio en una metafísica tal que pueda tener un efecto recíproco sobre el pensamiento antropológico y la metafísica “naturalista” u occidental—rara vez es citado. Como tal, mucha de la ontología social y la nueva arqueología animista omiten la postura crítica de la obra de Viveiros de Castro” [Aunque esto ya lo curé desde la obra de un poeta “amerindio” como Javier Sologuren, y sustenté en la PUCP ya en 1987]. (Alberti 2017)
Referencias
Alberti, Benjamin. “Arqueología de la ontología”, en: Annual Review of Anthropology, 2016, 45: 163-179. Traducción Andrés Laguens, octubre 2017. [Web]
“Trilceanas ciudadanías: Taller”, en evidente tributo a Trilce (1922) de César Vallejo, habría que describirlo desde varios círculos concéntricos tal cual el impacto de una piedra sobre un agua tranquila. La circunferencia más cercana al impacto consistiría en implementar, una vez más, aunque cada una haya tenido sus particularidades, algunas reales y concretas experiencias pedagógicas anteriores; en tanto dinámica, evaluación y publicación de las mismas. Es decir, referirnos a algo específico y verídico que, en múltiples oportunidades, ya ha sido ensayado y cuyos resultados, socializados en papel o en línea, incluso ya han sido recepcionados con éxito. Un segundo círculo, conectado y sucesivo del anterior, tiene que ver con el efecto del Taller en el contexto de la comunidad donde éste se implemente; es decir, con el desmontaje y crítica de los supuestos teóricos implícitos en nuestra idea misma de la literatura. Mejor dicho, más bien con los prejuicios que sobre la literatura nos hemos formado y traemos al Taller; los cuales, por lo general, nos restan autonomía y creatividad cuando debemos expresamos a través de la escritura. En pocas palabras, prejuicios que sobre todo nos restan ciudadanía. El tercer y cuarto círculo, aunque en estricto desbordan el marco temporal del Taller, consistirían en la intervención social consciente, de parte de los talleristas o ex-talleristas, sobre las instituciones literarias vigentes para intentar volverlas más democráticas y creativas.
Palabras clave: Talleres de creación literaria; talleres de ciudadanía; escritura y ciudadanía.
Más información sobre este taller: pedro_granados@hotmail.com
CV del tallerista
Talleres como parte de mis funciones como docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú (1975-79), Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo, Ancash-Perú (1980), Contraloría General de la República del Perú (1984), Cornell University (1988-89), Brown University (1990-93), Boston University (1997-2002), Universidade Federal da Integração Latino-Americana (2011-2014), Universidad Nacional Mayor de San Marcos (2018-2020), etc. Otros, en formato explícito de un Taller de Creación Literaria: Providence School Department, Rhode Island, USA (1998-2000); Centro Cultural Espacio 1900, Puebla, México (2004); Acuerdo Secretaría de Cultura/ Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana (2005), Municipio de San Pedro de Yoc (Lambayeque), Pontificia Universidad Católica del Perú, Facultad de Literatura y Estudios Generales Letras (2006-07), Universidad Continental de Huancayo (2010), Museo de Arte de Lima (2016), XIX Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2016), Taller de poesía en Ranhuaylla, Cusco (2017), Colegio Juan Velasco Alvarado de Santa María de Nieva, Condorcanqui, Amazonas, Perú (2021), etc. Asimismo, talleres online y desde 2008, a través del blog “Poesía en su tinta” (http://poesiaensutinta.blogspot.com/); y, desde el 2007, a través del “Blog de Pedro Granados” (http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/).
Primero es el ritmo. Enseguida, como montada sobre él o fundida con él, viene la palabra, el “verbo” (Génesis). Estamos en un momento cultural donde nos hemos extraviado y nos hemos desconectado del ritmo y, por lo tanto, es muy escasa la experiencia de bumerang. El ritmo atraviesa, oscila, envuelve, retorna y crea comunidad. No son las palabras, a las cuales se las lleva el viento. Y no arropan a nadie, empezando por quienes las pronuncian. Ni a cuadrúpedos ni a humanos. Sin embargo, sonámbula, la poesía hoy por hoy empieza por las palabras. Y acaso incluso con la mejor de las intenciones; se trataría de hacer filosofía con ellas. Aunque, con la peor de aquellas mismas, se trataría de establecer con las palabras un decálogo; unas nuevas tablas de auto-ayuda obligatorias para todo el mundo. La auto-ayuda como una nueva ley, sobre todo, post-coronavirus. Algo nada nuevo; sino que ya ha estado ensayándose y gestándose en toda nuestra región como mecanismo de control del imaginario y del deseo: Acción Poética. Poesía sin “patos” (en tanto catarsis y, asimismo, emblemático post-antropocentrismo) y sin “sombra” (Jung). Comer, oler, tocar, deslizarse, sumergirse, ni qué decir hablar, diseñados dentro del más lobotomizado protocolo. El verbo se ha trocado en puro significante o en algo más o menos así. Y la voz nos va resultando extraña en sí misma e incluso indeseable; hoy intentamos, mucho mejor, ser un palimpsesto, la más pulcra imitación de alguien. Toda la distribución de lo sensible (Rancière) contenida en un chip; aquel decálogo en tan acelerada construcción. Lo mismo en los States como en Bolivia. Un grifo que reposa al fondo del patio y que ya, teniendo cada uno agua en casa, ha pasado de cada vez más obscuro a prácticamente invisible.
Ritmo y poesía: Taller de escrituras (poesía, novela muy corta y ensayo)
Desde el 2008 (Elogio de otra vana invención) seguimos de cerca la poesía de Carlos Eduardo Quenaya (24 años en aquel entonces); allí decíamos lo siguiente: “no escribe de antemano como peruano y ese es su primer y gran acierto, un peruano de utilería –progresista o reaccionaria– nos referimos; y más bien lo hace como un ser de otro planeta que, sólo por principio de analogía, está próximo a nosotros”. Luego, al arribo de su segundo poemario: Los discutibles cuadernos (Lima: Praracaídas/ Tribal, 2012), nos reafirmábamos en nuestras palabras de aliento al joven poeta y filósofo peruano; “Canción”, llevaba por título uno de sus textos:
Procuro grabar aquí una canción parecida a la calma
que hay dentro del pozo. Una quietud de aguas y flores
negras, una sombra rota en miles de jirones, una voz de
mujer rebotando en las paredes, una forma que el tiem-
po ha detenido y queda abierta. Una permanencia que
es como el corazón. Una estridencia, un resquicio, una
visión. Una alegría. Una espuma lenta cayendo sobre las
cosas que atestiguan que además de mí, el mundo eres
tú el bólido apagando y encendiendo cada día y cada
noche. Lo más negro y lo más hondo que es apenas una
velita delante de tu cara.
Los discutibles cuadernos, a modo de una crítica a la poesía pura, a la poesía acabada o sin fracturas o, incluso, sin desniveles. O crítica a la poesía, a secas. Boutade, palimpsestos, homenajes en sotto voce a poetas de pocas aunque hondas palabras (Rafael Cadenas, Eielson, Luis Hernández).
De modo complementario, toda crítica a la razón poética, y acaso de modo muy particular en América Latina, es también una crítica cultural. Y, así sucesivamente, una crítica de la educación, una crítica política y, paulatina aunque cada vez más enfática en la poesía de nuestro autor, una crítica ontológica. Desde que, y sin entrar en detalles, por ejemplo para Heidegger el mundo que encontramos sería pre-interpretativo:
“A ti no te gusta cómo nos lame la luz. En el viento arden pestañas devorando la órbita que secuestró la magia”
En algún lado Quenaya ha declarado, asimismo, que sus versos: “Son un recordatorio radical de la escritura como un acto del cuerpo”
Hoy, en La forma del confín (2020), donde: “Jeringa patalea frente a la noche que abastece la complejidad”. Se trata de nuestro Niño Goyito (aquí “Jeringa”, en tanto lúdico protagonista de todo el presente poemario), el cual ahora enrumba decidido, ¿desde el Perú, desde Arequipa?, hacia el vastísimo espacio ontergaláctico. De modo previo –tratándose de un relato “de costumbres”–, su “peruanidad” o su “humanidad” y, con ello, el mismo “Jeringa” (Niño Goyito) viajan reducidos y confinados a un “grumo”. Aleación de insumos básicos, este último. Radical materialidad que torna equivalentes, y no sólo análogos, tanto desechos y secreciones como los más atesorados recuerdos: “el torcido lomo de lo íntimo”. Goyito entonces, en un embate no exento de sátira e incluso auto-ironía, emprendiendo este definitivo viaje: ¿Ulises de regreso al útero materno?; o, lo que pareciera constituir aquí algo semejante: ¿al reencuentro del tacto?
Tacto
hermoso tacto
escúchame:
Gracias
por siempre gracias
Ni una gozadora entrada a la madera (Neruda) ni un ascético Altazor (Huidobro) que fuera liberándose, cada vez más extasiado, de sucesivas y yuxtapuestas capas de cebolla; nuestro Niño Goyito (“Jeringa”) viaja, por el contrario, desconcertado y cagado en los pantalones. El humor, entonces, tornando más humano el presente “ascenso” o “descenso” y desinflándole oportunamente la llanta a la abstracción. Un vocabulario denso, barroco (casi alucinado) y con puntual peso específico –a lo Adán, a lo Vallejo–da cuenta y colabora en que reparemos y nos solacemos de esta particular búsqueda o hallazgo “del sentido”, el cual, aquí se nos testimonia: “En el cordel borracho las palabras lustrosas se aburren, pero de modo artístico reclaman una venia. La música que en el dolor transcurre se pone de pie. Atípico de furor, verídico de saltos, Jeringa enrolla sus papeles mágicos”
Carlos Eduardo Quenaya ha encontrado finalmente, en La forma del confín, el tono exacto de su decir –ni Rebelais ni Rilke, solos, sino ambos simultáneos– y el punche que para esta jornada requerían sus palabras; en suma, todos y cada uno de sus aparejos de faena. Pero el viaje continúa.
PEDRO GRANADOS (Perú, 1955). Publica poesía desde 1978 (Sin motivo aparente); y ya son quince poemarios: Vía expresa, Soledad impura, Roxosol o, los recientes, La mirada (Buenos Aires: BAP, 2020) y Amerindios/Amerindians (NYC: Arte Poética Press, 2020); la cual ha sido traducida parcialmente al portugués, inglés y alemán. También ha publicado varias novelas cortas (Prepucio carmesí, Un chin de amor, Una ola rompe, Boston Angels, !Fozi lady! y, hace poco, Poeta sin enchufe). Tiene además algunos libros de crítica; entre estos su tesis de PhD para Boston University, Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: PUCP, 2004); al cual se le suma, por ejemplo, Trilce: húmeros para bailar (2014) o Trilce/Teatro: guión, personajes y público, ensayo que mereció el Prêmio Mario González de la Associação Brasileira de Hispanistas (2016). Desde el 2014 preside el “Vallejo sin Fronteras Instituto” (VASINFIN). Actualmente vive en Lima, Perú.