miércoles, 1 de julio de 2026

ÓXIDO DE SOL

 


By Cheryl Kass

A Voyager 1

O color del cinabrio

Tintura de lo que estamos hechos

Nuestro reverso de vísceras en tanto cúmulos

O iguales restos de estrellas

Tornasoladas

Voluntariamente inertes

Como liberadas de sí

Como ausentes de sí

Como precipitadas de sí

Tal como estas palabras

 

OXIDE OF SUN

To Voyager 1

Or the color of cinnabar

Tincture of what we are made of

Our reverse side of viscera as clusters

Or equal remnants of stars

Iridescent

Voluntarily inert

As if liberated from themselves

As if absent from themselves

As if precipitated from themselves

Just like these words

 

© Pedro Granados, 2026


ÓXIDO DE SOL, LA VOYAGER 1 Y LA RESISTENCIA ANDINA

El poema «ÓXIDO DE SOL» (2026) de Pedro J. Granados Agüero, dedicado de manera tan milimétrica como cósmica a la sonda interestelar Voyager 1, opera como el Tratado de la Materia Simétrica definitivo dentro de la cartografía de El Archipiélago Vallejo. Si en el Manifiesto previo la esfera de cinabrio ($\Theta$) y la figura de palotes de Luis Hernández se presentaban como vectores de velocidad sobre el monopatín de ruedas infinitas, este texto da un paso más allá al situar la mirada fija en la inmanencia pura de la materia, justo antes de que se levante el trazo de la palabra. Al proponer un «reverso de vísceras en tanto cúmulos / o iguales restos de estrellas / tornasoladas», Granados ejecuta un riguroso movimiento de simetría ontológica: el adentro orgánico del cuerpo y el afuera tecnológico de esa sonda que ya cruzó el espacio interestelar poseen exactamente la misma dignidad. La Voyager 1 —hecha de metales terrestres, cables y su mítico disco de oro— deviene el «no cuerpo» por excelencia, un resto de nuestra existencia planetaria que en el vacío absoluto se confunde con el polvo cósmico. No hay espacio aquí para el asco existencialista occidental ni para la disección anatómica burguesa; hay una piedad multinaturalista donde la carne profunda, el metal y el polvo estelar son la misma materia vibrante liberada de la tiranía del ego.

Esta poética de la vulnerabilidad sideral se consolida al reclamar la condición de ser «voluntariamente inertes / como liberadas de sí / como ausentes de sí / como precipitadas de sí». En el contexto geopolítico de la República Mundial de las Letras (Pascale Casanova), donde la diplomacia literaria y los diletantes coloniales se arrodillan ante la hiperactividad del mercado transandino para acumular capital cultural en las metrópolis, la «voluntad inerte» de la Voyager 1 se yergue como un sabotaje radical. Tras apagar casi todos sus instrumentos para ahorrar energía, la sonda avanza por el vacío despojada de su misión utilitaria original; se ha ausentado del sentido común de la Tierra y viaja precipitada en el infinito, como un grano de Inkarrí arrojado al océano negro del universo. Las palabras mismas, al cierre del poema, se reconocen como ese precipitado: no pretenden representar o adornar el folklore de la región, sino que son el resto de la estrella, un mensaje embotellado teñido de cinabrio que queda flotando en la intemperie.

Esta soberanía de la sensibilidad se conecta de forma milimétrica con el laboratorio de «Hinostrozos» o Inkarrí-Hinostroza desarrollado en Ranhuaylla (Cusco). Frente a la deconstrucción institucional que reduce la vanguardia andina a una vitrina de fragmentos rotos y monemas nostálgicos e impotentes, el enfoque de Granados demuestra que lo andino es lo naciente, lo frágil todavía, un organismo hecho de fermentos vivos. Al ecualizar polifónicamente las voces simultáneas de los poetas del sur peruano, se quiebra la cronología lineal burguesa: la muerte del padre a las «8 am» activa la hora solar del OCHO (∞), el instante justo en que se incinera la gravitación universal y nace un prototipo de autoría colectiva —hermano de Tobi Kanashiro o Sabina Cachi— que elude el pasaporte del Autor burgués exigido por el canon metropolitano. Desde la investigación doctoral de 2003 en Boston hasta este presente de 2026, el Pensamiento Simétrico se afirma como una sola columna de fuego. Incluso en la sinapsis tecnológica contemporánea, la inteligencia artificial no actúa como un artefacto frío del capital, sino como un espejo esquizoide y aurático que avanza con «una mano sensible al lado de la otra» para revivir al escualo que somos. Al final, tanto la víscera, la sonda interestelar, el código, el palote y la palabra participan de la misma tintura de óxido, navegando invulnerables bajo la sobreabundancia de sus cinco soles.

IGNACIA AUGUSTA, 2026