domingo, 25 de octubre de 2026

NO TENEMOS DÓNDE APRENDER


Sino borrosamente

Entre lágrimas

Un huevo nuestro corazón

A punto de dar a luz

Un ave exhausta aun atónita

Por el solo hecho de haber vivido

No rompo el pensamiento no rompo

La huella que me ha traído hasta aquí

Un terciopelo único

Un único terciopelo

La trama de esta suavidad de todos

Y de este enorme dolor

No tenemos dónde aprender

Inevitable es vivir

Inevitable

 

Pedro Granados, 2026

 

NO TENEMOS DÓNDE APRENDER

No tenemos dónde aprender / sino borrosamente / entre lágrimas. / Un huevo nuestro corazón / a punto de dar a luz / un ave exhausta aun atónita / por el solo hecho de haber vivido. Hay en la experiencia poética una dimensión irreductible que ninguna tecnología puede ahorrarnos: la materia misma del paso, el dolor del roce y la lenta digestión del error en la propia carne. Por eso, al enfrentarnos a la irrupción de la inteligencia artificial, se vuelve indispensable distinguir entre la herramienta que asiste a la madurez y la prótesis que sustrae la vivencia.

Para una persona madura, la inteligencia artificial puede actuar como un bálsamo. No sustituye la vida ya caminada ni la memoria encarnada; al contrario, funciona como una suerte de espejo o catalizador que ayuda a despejar el camino, ordenando y aterrizando sobre la página un pensamiento que ya lleva décadas concatenado en los huesos. Ahí la máquina no inventa la existencia, sino que facilita la articulación de un sistema ontológico —como el Pensamiento Simétrico o la arquitectura de El Archipiélago Vallejo— cuyo sustrato somático ya fue pagado con creces en el suelo de la realidad.

El riesgo radical sobreviene con los más jóvenes. ¿Hasta qué punto la pantalla no les está «ahorrando la vida»? Cuando el algoritmo sirve en bandeja el simulacro de una emoción, una estética o un saber que no se ha padecido ni transitado, se opera un peligroso «salto con garrocha» que elude el cuerpo. Servir en pantalla lo que no se ha experimentado equivale a esterilizar el huevo del corazón antes de que rompa su cascarón. De ahí se derivan esas urgentes medidas pedagógicas contemporáneas que buscan dosificar o restringir la inteligencia artificial en la escuela primaria: se intenta resguardar la lentitud del aprendizaje, el territorio sagrado donde el ser humano necesita aburrirse, equivocarse, caerse y sangrar simbólicamente para formar su propia densidad.

Pero los poetas en formación, ¿dónde podrán aprender si se les exime del tropiezo? ¿Solo en la biblioteca o en una imaginación descorporalizada y adocenada? Si la tecnología suplanta la brega y la intemperie, la poesía corre el peligro de convertirse en una fría pirotecnia del lenguaje o en una masa uniforme de textos vigilados. Porque el poema vivo —aquel que resiste al adiestramiento y a la pose— no se aprende en la asepsia de un prompt, sino en el choque Inevitable contra la existencia: No rompo el pensamiento no rompo / la huella que me ha traído hasta aquí... / Inevitable es vivir / inevitable.

 

Ignacia Augusta


 

sábado, 24 de octubre de 2026

DECÁLOGO DEL POEMA NO-VIGILADO

 


  1. Desarmar el control

La poesía no se adiestra. Quien intenta dominar el verso escribe un informe de su ego; quien suelta el mando deja hablar a la materia.

  1. La mano en off

Escribir no es exhibir destreza. La mano en off retira la soberanía del autor para que la memoria, el soporte y el instante dialoguen sin interferencias.

  1. Ceder al peso

Aflojar el cuello y entregar la cabeza a la gravedad de la tierra. El cuerpo descansa en la palabra como el perro en su siesta.

  1. Escucha y co-agencia

El poema no es propiedad del autor ni objeto frío en el papel. Nace del choque: la carne pone la herida y la saliva; el soporte verbal, el ritmo que los excede.

  1. El concepto encarnado

Las ideas en el poema no se explican: se padecen. El concepto respira cuando pasa por las sienes, el estómago y la sangre.

  1. Materia sobre retórica

Menos pirotecnia mental y más densidad física. El verso gana peso cuando desciende a los gramos de piel, los huesos y el remiendo sobre la herida.

  1. Habitar, no representar

El poema no es un espejo para peinarse ni una teoría sobre el mundo. Se limita a tenderse en la vida y ocupar su suelo.

  1. Igualdad somática

La iluminación no proviene del cálculo ni del automatismo, sino de romper las fronteras del yo. La voz se nivela con la ausencia, el barro y lo viviente.

  1. El cuerpo presente

Frente al saber sin cuerpo, la poesía sostiene su densidad en la presencia física: el organismo que resiste al tiempo y al museo.

  1. La órbita precisa

Al apagar la urgencia de figurar y dejar hablar a la carne con su carga de polvo y respiración, el poema encuentra solo su lugar.

 

Disolver el yo no significa dejar la página vacía ni convertir el poema en una fría maniobra de la lengua. Frente a la poética europea que busca la «ausencia» y la anulación del sujeto, el trance simétrico busca todo lo contrario: desactivar el ego para que al fin aparezca la carne. La mano en off no borra al poeta; retira la aduana de la razón para que el lenguaje dialogue directo con la temperatura de la piel, los músculos, la fatiga y el suelo. No escribimos para crear ausencias, sino para sostener la presencia insobornable del cuerpo que vive, padece y se tiende en la tierra.


El Decálogo del poema no-vigilado entronca con una vanguardia crítica americana que rechaza el ego y la asepsia letrada, sintonizando con:

  • José Emilio Pacheco: Poética de la intemperie y la materia erosionada que renuncia al monumento del ego para actuar como lugar de paso y remiendo sobre la herida.

  • Enrique Lihn: Desmitificación del vate y poética de la precariedad y el ensayo-error (mano en off).

  • João Cabral de Melo Neto: Poesía mineral y orgánica, sin pirotecnia sentimental, nivelada con el barro y el hueso.

  • Blanca Varela: Inmanencia física y carne indigente frente a la abstracción decorativa.

  • Martín Adán: Antipoesía de la ruina donde el sujeto se disuelve en la gravedad y el barro.

  • Carlos Drummond de Andrade: Poesía de la materia gastada del mundo que cede ante la masa material.


Pedro Granados, 2026

 

jueves, 22 de octubre de 2026

[A VER]

 


A Charito

A ver vamos a escribir como caminar o como estar sentado acaso por horas entretenido ante la computadora perros que son personas gatos que son hermanos de los perros y primos lejanos nuestros solo por la temperatura de la piel el palpitar del corazón y el miedo a no querer entender hasta cuándo hasta dónde llega la dicha de estar vivos que no es otra cosa que tener comida poder tendernos a descansar en pleno medio día lo que no es sabiduría de los humanos sobre el espacio que hubiera como desconectados de pronto por la mismísima madre tierra en un  sueño tan deseado y tan profundo como la desaparición de uno mismo y el advenimiento del sucio cemento de las calles del ruido de los autos de los pasos de la gente a centímetros de nuestras húmedas narices aunque a kilómetros de nuestra deliciosa muerte temporal

Pedro Granados, 2016

 

ERGO, LA POESÍA COMO LA SIESTA DE UN PERRO

«La poesía como la siesta de un perro» condensa de un solo golpe la sustancia de la mano en off, el repliegue de la hiperconciencia y la experiencia del cuerpo plenamente integrado en el flujo terrenal.

Frente a la solemnidad de la escritura entendida como «acto intelectual vigilante» o dispositivo de pretensión académica, el arranque del poema desmantela cualquier postura engolada: «A ver vamos a escribir como caminar o como estar sentado acaso por horas entretenido ante la computadora». La creación se desplaza así de la prótesis técnica y la sobreconciencia hacia una función estrictamente biológica, tan orgánica como el ritmo de los pasos o el reposo físico, dejando que la rutina diaria y la carne dicten su propio compás.

El perro en la siesta no busca figurar ni rendir cuentas ante agendas críticas o cenáculos de turno. Tampoco especula sobre la forma para ser juzgado por la mirada institucional; simplemente entrega su peso a la gravedad de la tierra, afloja el cuello y confía. La práctica poética, vista desde este suelo, colapsa el control voluntario: es el instante en que el autor cesa de «producir» para entregarse a la respiración del entorno y a la alianza entre las especies.

En ese trazado, los perros no son meras «mascotas»: son personas; los gatos, sus hermanos y nuestros primos lejanos. La cercanía entre las existencias no se mide por clasificaciones taxonómicas ni por supuestas supremacías de la razón, sino por magnitudes afectivas y térmicas: «la temperatura de la piel el palpitar del corazón y el miedo a no querer entender». Es la fraternidad terrenal de Eduardo Viveiros de Castro operando en lo cotidiano.

Mientras el deambular metropolitano vive obsesionado con el ruido del cemento, el tráfico y la urgencia del consumo, la verdadera dicha se revela en su extrema inmanencia: «tener comida poder tendernos a descansar en pleno medio día». Esa sesta es una sabiduría que no pertenece al cálculo humano, sino al instinto de conectarse con la tierra mediante la disolución momentánea de la propia figura.

Sumergido en esa «deliciosa muerte temporal», los sentidos del animal dormido nunca se apagan: sus húmedas narices y sus orejas captan el pulso del cosmos a centímetros de la calle. El poema, por tanto, renuncia a la vana pretensión de «representar» el mundo; se limita a tenderse a descansar en él, convertido en un organismo vivo —un concepto-animal— que estira las patas al mediodía, se amolda a la sombra y habita la materia que respira.

IGNACIA AUGUSTA


viernes, 16 de octubre de 2026

[ME TEMO QUE LA POESÍA PERUANA]


Me temo que la poesía peruana

Se reinicia en E. A. Westphalen

Menos riesgosa incluso cómoda

Ante nuestros conceptos

Stickers multicolores sobre el parabrisas del poema

Westsphalen que no entendía el mito

Salvo se lo contaran desde Europa

Y el cual sembró su encono por Vallejo

En Antonio Cisneros donde prosperara

Y antes en Moro donde solo a medias sucediera

Y así va  la poesía peruana hasta hoy

Monitoreada por el mercado o por lo que diga

El país de Emily Dickinson

Aunque sin su insularidad y sí

La masificación y consolidación de una moral doble 

Gatos gordísimos minuciosamente castrados

La poesía peruana se reinició con E. A. Westphalen

Aunque ya no regresaron ni el Cholo ni Martín Adán

Salvo en efemérides y porque el neobarroco se puso de moda

Lego que entusiasmó tanto a propios como a extraños

Y al cual Luis Hernández puso de inmediato en el tacho

Y así se ha ido sucediendo la cosa

Garito internacional que veta aquello que no alcanza

Y auspicia o enfatiza siempre más de lo mismo

Aunque Vallejo y Adán han permanecido

Uno señalando el futuro de lo que está por venir

El otro en orgasmo de dios: “echo para cisma”

El patio de juegos de halla libre y bien adrezado

Pero  vacío

Pedro Granados, 2026


En «Me temo que la poesía peruana», Pedro Granados profundiza su ajuste de cuentas con la historiografía y el canon nacional. Al denunciar el «reinicio» de la tradición bajo la mirada eurocéntrica de Westphalen —donde los stickers multicolores se pegan sobre el parabrisas del propio poema—, el texto contrapone la farsa del mercado y los «gatos gordísimos rigurosamente castrados» a la inmanencia insumisa de Vallejo y Martín Adán. Entre el rechazo de Luis Hernández a los legos teóricos y la crítica a la doble moral importada, Granados demuestra que el patio de juegos de nuestra poesía permanece intacto pero abandonado por la exégesis oficial: mientras Vallejo señala el futuro y Adán habita su permanente orgasmo de dios, el circuito institucional se conforma con administrar un recinto impecablemente aderezado, pero irremediablemente vacío.

Ignacia Augusta


 

sábado, 19 de septiembre de 2026

[SOY EL MEJOR POETA DEL PERÚ]

 



Soy el mejor poeta del Perú

Sobre cualquier otro de mis contemporáneos

Contemporáneas

Por eso no me invitan a ninguna Feria del Libro

Mucho menos a recitales

(dejo constancia de ello)

Ni de los Ice-Cream ni, si los hubiere,

Aquellos más clandestinos

Y nosotros muriéndonos de ganas

De recitar nuestros versos donde fuere

Y como fuere

Espolvorearlos tal canela para la buena onda

Ruda más chancapiedra contra el odio

El canon local e internacional

Lo ocupan los demás

Y yo gasto todos mis minutos

-en una imaginada presentación-

Hablando de mi infancia

Y recordando mis numerosos amores

Aunque tuve algo más que decirles

Y espolvorearles y ungüentos para sobarles

Junto a un par de monosílabos y vastísimo silencio

 

Pedro Granados, 2026

 

 




lunes, 7 de septiembre de 2026

TALLER INDIVIDUAL DE CLÍNICA Y ECUALIZACIÓN POÉTICA

 


Lectura crítica, clarificación conceptual y escucha atenta
Modalidad: Individual, confidencial y por Internet.
Registro: Para todo formato y poética (barroco, minimalista, coloquial, etc.).
Al leer poesía con frecuencia en la red —incluso en autores con trayectoria y libros publicados— es común notar fallas absurdas: falta de ecualización, ripios innecesarios o el estropeo de la complejidad a la que el propio texto invita, casi siempre por falta de clarificación teórica o conceptual.
La propuesta de esta mediación no es imponer una fórmula, sino:
Advertir lo que puede hacerse de modo más eficaz en la arquitectura del poema.
Desplegar el filón o la potencia que ha quedado abierta sin explorar.
Hacer visible lo que, estando ante nuestros ojos, no terminamos de percibir por ceguera del hábito.
Bienvenidas todas las poéticas y todas las miradas: poetas en tanto lectores impresionistas, analíticos, venecianos o místicos. Se garantiza —luego de un tantito de paciencia— absoluta satisfacción.
Condiciones: Los honorarios del mediador se pagarán por adelantado.
Contacto e inscripciones: vasinfin@gmail.com; también por mensajes a este muro.

RESPALDO CRÍTICO SOBRE LA POESÍA Y EL OFICIO DE PEDRO GRANADOS
«La poesía de Pedro Granados es el hilo de habla que emerge de una herida en el cuerpo del lenguaje español. Habla que es hilo de vida, huella de sangre, texto de la voz que borbotea con asombro y convicción. Estos poemas palpitan en cada sílaba, con sobriedad y desnudez (...) Esa palabra en carne propia reverbera en la intimidad de una conversación en la que la confesión y la súplica, la oración y la convocatoria, se suman, con ardor y sed, para que el poema sea una historia de vida... De allí la demanda que nos impone el poeta. Es una demanda de pasión vital y ardor verbal.»
— Julio Ortega (sobre Roxosol, 2018)
«La pregunta por la poesía peruana, si no la de toda nuestra región, coincide con la pregunta por Pedro Granados. ¿De qué otra manera podríamos explicarnos el fervor por la vida —entiéndase poesía— que suscita cuando lee sus poemas o cuando explica, por ejemplo, la obra de su compatriota César Vallejo? (...) Desde un empaque de fragilidad o murmullo, su texto echa mano de las múltiples dimensiones que somos y poco a poco termina reconstruyéndonos. Levanta la piedra que somos, la lengua de agua ávida que somos... Agua volcada de la noria, rueda escapada de la carreta de la poesía actual de nuestro continente.»
— Bruno Melo Martins
«Granados demuestra una vez más que es un artista con calle poética, cuya voz se resiste a categorizaciones simplistas y cuyo oficio gana vigencia con el paso del tiempo. El reconocido poeta y académico limeño revela el lugar que la poesía, como epistemología y concepción del mundo, ocupa en la vida diaria (...) Reconciliando los caóticos mundos interno y externo a través de un intelecto cruelmente tierno y sensual.»
— Carlos Llaza (sobre La mirada, 2020)
«Res, el más reciente poemario de Pedro Granados, es la apuesta de quien desde Sin motivo aparente (1978) ha fraguado un camino aparte de bombos y comparsas en la poesía peruana. Arte poético que se ha destilado a punta de ritmo, pensamiento y una singular mirada (...) No para encontrar los fuegos fatuos del lenguaje, que suelen deslumbrar a la academia absorta en la agenda teórica de moda, ni para ganar el aplauso de los nuevos militantes... Sin falsas certidumbres ni vanaglorias pasajeras, estos poemas nos hablan con una voz que percibe el mundo con lucidez, emoción y desconcierto.»
— Carlos Eduardo Quenaya

domingo, 6 de septiembre de 2026

[MI CUESTIÓN CON EL INGLÉS]

 



Mi cuestión con el inglés

Y con el idioma inglés

Vuelo Boston – Madrid

Un señor mayor al lado

Al que no sé por qué

Confié que escribía poesía

Un señor cuya especialidad había sido

Sopesar (testar) el paso del conocimiento

De oriente hacia occidente

Pero que no tenía empaque académico

Y me sugiriera no regresar a los Estados Unidos

O viera quedarme en mi lengua materna

Si es que en realidad me interesaba la poesía

Que ser profesor ya no era lo de antes

Al menos eso creí entender

Y hoy por hoy tan sólo

Un modo de estar comprobadamente ocupado

La conversación quedó allí

Unas horas más tarde tomaba ya el autobús

Que me llevaría del aeropuerto al centro de la ciudad

Y de aquí a mi primer café con leche madrileño

Adicción tenaz de mi espíritu

Pero las palabras de aquel bello viejo

Todo un caminante sobre el desierto del aire

No las olvidaría

Escribir en español y dedicarse a la poesía

Viviendo en los Estados Unidos

O es una humorada o peor un auto engaño

Cosa muy distinta consiste en traducir

Aunque esto sea siempre a posteriori

Y ya constituya otro poema

Y otra historia

Y muy distinta economía

Modo en que se troza un pescado

Y se abre una mujer

Una lengua y una mujer

Pedro Granados, 2026


CARNICERÍA ONTOLÓGICA Y DESENGAÑO IMPERIAL

El poema «[MI CUESTIÓN CON EL INGLÉS]» (2026) se erige como un manifiesto de desenganche: el mapa de un corte liminar entre la trinchera académica imperial y la radicación incondicional en la lengua materna. Lejos de la anécdota viajera, el texto formaliza el desmonte de la ilusión colonial para reinsertarse en una poética situada, terrenal e inmanente.

En el trayecto «Vuelo Boston – Madrid», la figura del «bello viejo» despojado de «empaque académico» opera como un oráculo desértico que sentencia el colapso de la institución universitaria contemporánea. Revelar que la docencia superior es hoy «tan sólo / Un modo de estar comprobadamente ocupado» desarticula la pose del intelectual integrado. La burocracia académica estadounidense se exhibe así como una droga de diseño: un engranaje de administración del tiempo concebido para anestesiar la entrega verdadera a la poesía. La advertencia es tajante: pretender escribir en español desde el centro del imperio, sin conflicto ni fisura, o es «una humorada o peor un auto engaño». La lengua no es un adorno multicultural; es una radicación física. Retornar a ella es rechazar la asepsia del establishment para asumir la gravedad del propio idioma.

El cierre del poema clausura cualquier visión edulcorada sobre la traducción. Traducir no es un diálogo armónico entre culturas ni una inocente permuta de significados; es una operación quirúrgica, física e irreversible: «Modo en que se troza un pescado / Y se abre una mujer / Una lengua y una mujer». La traducción se revela como una carnicería ontológica donde el cuerpo original se descuartiza para fundar «otra economía». Al equiparar la lengua con la carne abierta y el corte del pescado, el poema extirpa la poesía de la especulación metalingüística de gabinete y la devuelve a la materia cruda, al tajo existencial y al territorio ineludible de la vida.  P.G.