lunes, 7 de septiembre de 2026

TALLER INDIVIDUAL DE CLÍNICA Y ECUALIZACIÓN POÉTICA

 


Lectura crítica, clarificación conceptual y escucha atenta
Modalidad: Individual, confidencial y por Internet.
Registro: Para todo formato y poética (barroco, minimalista, coloquial, etc.).
Al leer poesía con frecuencia en la red —incluso en autores con trayectoria y libros publicados— es común notar fallas absurdas: falta de ecualización, ripios innecesarios o el estropeo de la complejidad a la que el propio texto invita, casi siempre por falta de clarificación teórica o conceptual.
La propuesta de esta mediación no es imponer una fórmula, sino:
Advertir lo que puede hacerse de modo más eficaz en la arquitectura del poema.
Desplegar el filón o la potencia que ha quedado abierta sin explorar.
Hacer visible lo que, estando ante nuestros ojos, no terminamos de percibir por ceguera del hábito.
Bienvenidas todas las poéticas y todas las miradas: poetas en tanto lectores impresionistas, analíticos, venecianos o místicos. Se garantiza —luego de un tantito de paciencia— absoluta satisfacción.
Condiciones: Los honorarios del mediador se pagarán por adelantado.
Contacto e inscripciones: vasinfin@gmail.com; también por mensajes a este muro.

RESPALDO CRÍTICO SOBRE LA POESÍA Y EL OFICIO DE PEDRO GRANADOS
«La poesía de Pedro Granados es el hilo de habla que emerge de una herida en el cuerpo del lenguaje español. Habla que es hilo de vida, huella de sangre, texto de la voz que borbotea con asombro y convicción. Estos poemas palpitan en cada sílaba, con sobriedad y desnudez (...) Esa palabra en carne propia reverbera en la intimidad de una conversación en la que la confesión y la súplica, la oración y la convocatoria, se suman, con ardor y sed, para que el poema sea una historia de vida... De allí la demanda que nos impone el poeta. Es una demanda de pasión vital y ardor verbal.»
— Julio Ortega (sobre Roxosol, 2018)
«La pregunta por la poesía peruana, si no la de toda nuestra región, coincide con la pregunta por Pedro Granados. ¿De qué otra manera podríamos explicarnos el fervor por la vida —entiéndase poesía— que suscita cuando lee sus poemas o cuando explica, por ejemplo, la obra de su compatriota César Vallejo? (...) Desde un empaque de fragilidad o murmullo, su texto echa mano de las múltiples dimensiones que somos y poco a poco termina reconstruyéndonos. Levanta la piedra que somos, la lengua de agua ávida que somos... Agua volcada de la noria, rueda escapada de la carreta de la poesía actual de nuestro continente.»
— Bruno Melo Martins
«Granados demuestra una vez más que es un artista con calle poética, cuya voz se resiste a categorizaciones simplistas y cuyo oficio gana vigencia con el paso del tiempo. El reconocido poeta y académico limeño revela el lugar que la poesía, como epistemología y concepción del mundo, ocupa en la vida diaria (...) Reconciliando los caóticos mundos interno y externo a través de un intelecto cruelmente tierno y sensual.»
— Carlos Llaza (sobre La mirada, 2020)
«Res, el más reciente poemario de Pedro Granados, es la apuesta de quien desde Sin motivo aparente (1978) ha fraguado un camino aparte de bombos y comparsas en la poesía peruana. Arte poético que se ha destilado a punta de ritmo, pensamiento y una singular mirada (...) No para encontrar los fuegos fatuos del lenguaje, que suelen deslumbrar a la academia absorta en la agenda teórica de moda, ni para ganar el aplauso de los nuevos militantes... Sin falsas certidumbres ni vanaglorias pasajeras, estos poemas nos hablan con una voz que percibe el mundo con lucidez, emoción y desconcierto.»
— Carlos Eduardo Quenaya

domingo, 6 de septiembre de 2026

[MI CUESTIÓN CON EL INGLÉS]

 



Mi cuestión con el inglés

Y con el idioma inglés

Vuelo Boston – Madrid

Un señor mayor al lado

Al que no sé por qué

Confié que escribía poesía

Un señor cuya especialidad había sido

Sopesar (testar) el paso del conocimiento

De oriente hacia occidente

Pero que no tenía empaque académico

Y me sugiriera no regresar a los Estados Unidos

O viera quedarme en mi lengua materna

Si es que en realidad me interesaba la poesía

Que ser profesor ya no era lo de antes

Al menos eso creí entender

Y hoy por hoy tan sólo

Un modo de estar comprobadamente ocupado

La conversación quedó allí

Unas horas más tarde tomaba ya el autobús

Que me llevaría del aeropuerto al centro de la ciudad

Y de aquí a mi primer café con leche madrileño

Adicción tenaz de mi espíritu

Pero las palabras de aquel bello viejo

Todo un caminante sobre el desierto del aire

No las olvidaría

Escribir en español y dedicarse a la poesía

Viviendo en los Estados Unidos

O es una humorada o peor un auto engaño

Cosa muy distinta consiste en traducir

Aunque esto sea siempre a posteriori

Y ya constituya otro poema

Y otra historia

Y muy distinta economía

Modo en que se troza un pescado

Y se abre una mujer

Una lengua y una mujer

Pedro Granados, 2026


CARNICERÍA ONTOLÓGICA Y DESENGAÑO IMPERIAL

El poema «[MI CUESTIÓN CON EL INGLÉS]» (2026) se erige como un manifiesto de desenganche: el mapa de un corte liminar entre la trinchera académica imperial y la radicación incondicional en la lengua materna. Lejos de la anécdota viajera, el texto formaliza el desmonte de la ilusión colonial para reinsertarse en una poética situada, terrenal e inmanente.

En el trayecto «Vuelo Boston – Madrid», la figura del «bello viejo» despojado de «empaque académico» opera como un oráculo desértico que sentencia el colapso de la institución universitaria contemporánea. Revelar que la docencia superior es hoy «tan sólo / Un modo de estar comprobadamente ocupado» desarticula la pose del intelectual integrado. La burocracia académica estadounidense se exhibe así como una droga de diseño: un engranaje de administración del tiempo concebido para anestesiar la entrega verdadera a la poesía. La advertencia es tajante: pretender escribir en español desde el centro del imperio, sin conflicto ni fisura, o es «una humorada o peor un auto engaño». La lengua no es un adorno multicultural; es una radicación física. Retornar a ella es rechazar la asepsia del establishment para asumir la gravedad del propio idioma.

El cierre del poema clausura cualquier visión edulcorada sobre la traducción. Traducir no es un diálogo armónico entre culturas ni una inocente permuta de significados; es una operación quirúrgica, física e irreversible: «Modo en que se troza un pescado / Y se abre una mujer / Una lengua y una mujer». La traducción se revela como una carnicería ontológica donde el cuerpo original se descuartiza para fundar «otra economía». Al equiparar la lengua con la carne abierta y el corte del pescado, el poema extirpa la poesía de la especulación metalingüística de gabinete y la devuelve a la materia cruda, al tajo existencial y al territorio ineludible de la vida.  P.G.

viernes, 4 de septiembre de 2026

EL PREMIO DONOSO Y LAS DOS RIVAS DE LA POESÍA PERUANA

 


El reciente otorgamiento del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2026 al poeta y lingüista Mario Montalbetti marca un hito indudable de visibilidad para las letras peruanas, al tiempo que abre un campo de debate crítico ineludible sobre la hegemonía y la dirección de la poesía continental.

Por un lado, el fallo del jurado internacional —celebrado en el marco de los 25 años del galardón otorgado por la Universidad de Talca— convalida una trayectoria volcada de manera implacable a la indagación de los límites del signo y la gramática formal. Desde Perro Negro (1978) hasta sus intervenciones críticas y ensayísticas más recientes, la propuesta de Montalbetti ha convertido al lenguaje en un territorio de auscultación lingüística y laboratorio metapoético, dialogando fluidamente con la teoría de la disyunción y los marcos del conceptualismo occidental.

Sin embargo, contemplado desde la trinchera de una poética situada, del pensamiento simétrico y de la herencia vallejiana, este reconocimiento vuelve a poner en evidencia la distancia que separa a dos modos de entender el hecho poético. Mientras que la perspectiva formalista tiende a concentrar su atención en la falla del lenguaje como un problema eminentemente semiótico o conceptual, la poética del cuerpo —aquella que se afianza en el barro, la orfandad, el territorio y la lengua materna encarnada— entiende que el quiebre de la palabra no es un mero dilema formal, sino una herida social y existencial que se sostiene única y visceralmente con los dientes.

El Premio Donoso celebra la incontestable maestría técnica de Montalbetti dentro de los circuitos académicos de la región. Al mismo tiempo, reafirma la preferencia histórica de las instituciones por poéticas “limpias” o metalingüísticas que no desacomodan la jerarquía del canon ni cuestionan la división internacional del trabajo intelectual, dejando intacto el abismo que separa a la poesía concebida como especulación sobre el sentido de aquella que se vive como un tajo inmanente en la carne de la realidad.

Pedro Granados, 2026



jueves, 3 de septiembre de 2026

LA OSAMENTA SITUADA Y LA LIQUIDACIÓN DEL «YO»


El poema «ÚNICAMENTE CON LOS DIENTES» (2026) se erige como una lección de inmanencia, donde la palabra poética no se proyecta hacia la evasión lírica ni hacia el alarde vanguardista, sino que se afianza en el territorio concreto de la materia y de la carne. Lejos de la abstracción o la gesticulación del «yo» profesional, el texto se articula desde el hueso, la masticación y la pérdida, en un diálogo subterráneo con la herencia de César Vallejo y la lucidez desenfadada de Luis Hernández.


Únicamente con los dientes – Poema y Ensayo Crítico (2026)
 

martes, 1 de septiembre de 2026

POSEÍA / POESÍA: LA CONSPIRACIÓN DEL LENGUAJE EN VLADIMIR CONDORCCALLO

 


La irrupción de Vladimir Condorccallo en el panorama de las poéticas contemporáneas plantea una radical impugnación a la solemnidad de la biografía canónica y a las imposturas del «poeta profesional». En las páginas de Ensayo de filosofía imaginada (Lima: Cuarto de espera, 2026) —un artefacto que fluctúa de manera caleidoscópica entre la biografía, el autorretrato, la crónica y el poemario—, Condorccallo no se presenta como la figura iluminada del vate tradicional, sino como la encarnación misma del verbo Poesía hallado desde un anagrama entre los pliegues del idioma. A pesar de su condena explícita a quienes andan «inspirados» por el mundo exhibiendo su estatus, Condorccallo abriga la certeza inconmovible de poseer una inspiración interior, una determinación óntica que habita «ladinamente al margen de la ley».

Esta revelación descansa sobre un pliegue etimológico y conceptual decisivo: la poesía deriva aquí de poseía. La poesía no se busca como un trofeo en el exterior ni se ejerce como un título de propiedad sobre el mundo; el acierto radicará siempre en encontrarla no fuera, sino dentro del lenguaje mismo. Quien pretende poseer la poesía la reduce a fetiche o gesticulación; en cambio, asumir que ya la poseía implica que el sujeto no es dueño del sentido, sino el lugar de paso donde la lengua cobra conciencia de su propia materia y de sus accidentes cotidianos.

Esta tensión vital coloca de inmediato a Condorccallo en sintonía con la órbita de Luis Hernández. En Hernández, la poesía jamás fue una carrera ni un objeto de dominio, sino un estado de conspiración afectiva, una forma de vida al margen de los salones que se desplegaba en libretas manuscritas, regalos y paseos solitarios. Al igual que el héroe sin carácter o el Macunaíma andino, Hernández entendió que la verdadera dignidad de la palabra no se conquista afuera, sino en la inmanencia del estar situado. No hay en Hernández diletantismo ni afán de adorno, sino la rotunda negativa a permitir que la institución literaria arrebate el calor de la experiencia real.

Es en la oscilación semántica del propio nombre del personaje donde esta herencia se vuelve más evidente. El apellido «Condorccallo» evoca esa síntesis trágica y satírica tan propia de la mejor tradición peruana, desde la anagnórisis solar de César Vallejo («Pero he venido de Trujillo a Lima / Pero gano un sueldo de cinco soles») hasta la lucidez fronteriza de Hernández. El «cóndor» evoca el ave majestuosa que domina los vientos de la alta cultura, el mito y la astronomía; pero al descender al suelo del día a día, delata de inmediato sus ridículos y terrestres «callos». Esta capacidad para cruzar lo sublime con lo pedestre —el nombre de «Vladimir» carnavalizado entre la gloria de gobernar y acaso la intimidad de masturbarse antes de dormir— revalida la mirada de Hernández, para quien la música clásica o un planeta distante convivían sin jerarquía con las playas de Lima, la jerga de barrio y la vulnerabilidad de la carne.

Aunque Ensayo de filosofía imaginada, reciente libro de Carlos Quenaya, apela al ensamblaje, al collage y a la captura de voces del entorno, estas herramientas no funcionan como una sustracción de la materia ni como una farsa metatextual. Por el contrario, en Vladimir Condorccallo el lenguaje no se fuga hacia la abstracción: echa raíces. Cada fragmento recortado y cada verso derivado de ese hallazgo interno responden al impulso orgánico de un sujeto que duele, ríe y tropieza sobre su propio territorio, demostrando que la poesía no es poseer una verdad externa, sino la gracia de re-conocer que la palabra siempre estuvo encarnada en el barro y la luz del propio idioma.

Pedro Granados, 2026

jueves, 27 de agosto de 2026

PROSPECTIVA DE LA POESÍA PERUANA PARA LO QUE RESTA DEL SIGLO

Foto por Pedro Granados

El mapa que dibujamos no es solo un diagnóstico de la coyuntura presente; es la descripción de una hipertrofia institucional donde conviven la burocracia estatal, la corrección política de consumo de catálogo, la estetización aséptica del lenguaje y el advenimiento de la máquina. Ante una fauna donde el libro de poemas funciona como credencial parlamentaria, las poéticas se elaboran mediante algoritmos o la academia premia la simulación, proyectar la poesía peruana en lo que queda del siglo XXI exige abandonar las ilusiones del mercado literario para observar la tensión entre el simulacro y la materia irreductible.

En la superficie del sistema, la poesía oficial y de consumo institucional tenderá a una inocuidad absoluta. Asistiremos a la consolidación de la poesía-burocracia, financiada por fondos públicos o promovida por estamentos políticos que no buscan la conmoción estética, sino la figuración social y el cumplimiento de agendas ideológicas precalculadas. A ello se sumará la saturación de libros generados por inteligencia artificial: artefactos impecables, «mallarmeanos» o «glosemáticos» por ensamble sintáctico, pero desprovistos de sombra, de masa corporal y de riesgo existencial. La máquina superará con creces al diletante en la orfebrería del adorno verbal, dejando al descubierto la vacuidad del juego puramente formal.

Frente a esta marea de prótesis y poses, la intuición de Carlos Quenaya —ese deseo de que un poemario no sea literatura— opera como un síntoma de época y una línea de fuga. Cuando la «literatura» se reduce a un formato negociable, la verdadera poesía peruana del resto del siglo tendrá que definirse, precisamente, por su capacidad de desacato al formato. La ruptura ya no pasará por la gesticulación del «neo-kloakismo», cuyas imitaciones tardías de la rabia noventera quedarán expuestas como melodramas extemporáneos ante el colapso real de las ficciones urbanas.

La poesía peruana que logre mantener un peso gravitacional en las próximas décadas se fracturará decisivamente de la mercancía estética para regresar a la dimensión fisiológica, orgánica y política que Vallejo señaló a inicios del siglo XX. En un siglo crecientemente inmaterial y virtualizado, el poema válido no será el que mejor maneje la pirotecnia del lenguaje o la corrección de la agenda, sino el que se sostenga en la evidencia del cuerpo: en la masa corporal que come, escucha y observa, en la vibración de la entraña y en la convivencia de los opuestos. Como la lección de Piel de asno o la sabiduría vegetal de Tilsa Tsuchiya, la poesía que permanezca será aquella que rehúse ser un fantasma inofensivo en los salones de la cultura para afirmarse como una materia viva que no ha terminado de crearse ni de conjugarse.  P.G.

sábado, 22 de agosto de 2026

[CÓMO HA ENDULZADO A LOS INCAUTOS]

 


Cómo ha endulzado a los incautos

A los de entraña y vocación de congresistas

La oficial poesía chilena

La peor de nuestro continente

Ni chicha ni limonada

Ni Vallejo ni Borges

Una postal de un cerro y  sus habitantes

Que es Neruda que es Mistral

Que a intrincados saltos elude serlo Huidobro

Nada más ni nada menos

Poesía del que tiene algo muy importante que decir

Justo antes de recibir su premio

La poesía chilena y sus imitadores

Acomplejados de ser peruanos o bolivianos

Huevos infértiles de Inkarrí

Detrás de un iluminado lienzo

Los dedos truncos

La crispada mano

El estéril brazo políglota

 Pedro Granados, 2026

HUEVOS INFÉRTILES DE INKARRÍ: ANATOMÍA DE LA SUBALTERNIDAD POÉTICA

Este poema opera como un dardo sociológico y una intervención crítica de alto calibre en el mapa de las servidumbres continentales. Con una factura tajante y sin concesiones a la diplomacia de capilla, el texto alinea la física del cuerpo mutilado con la denuncia de la estafa estética y la pérdida de la soberanía ontológica.

El texto abre desmontando la supuesta “hegemonía” de la poesía chilena consagrada, revelándola como una operación de mercado, consumo institucional y prestigio de aduana. Al postular “Ni chicha ni limonada / Ni Vallejo ni Borges”, el canon oficial chileno se ubica en una zona tibia, desprovista de la densidad trágica, la ruptura sintáctica y la exigencia ontológica del universo vallejiano o del rigor especulativo borgiano. La expresión “Una postal de un cerro y sus habitantes / Que es Neruda que es Mistral” reduce la épica nerudiana y el telurismo mistraliano a su verdadera dimensión de consumo: la paisajística para la exportación, la retórica del monumento que convierte el territorio en souvenir. Asimismo, cuando se señala “Que a intrincados saltos elude serlo Huidobro”, el autor de Altazor queda fijado como la excepción que confirma la regla: la pirueta que busca desesperadamente saltar por encima de la postal criollista a fuerza de pirotecnia vanguardista, sin lograr zafarse del todo de esa misma matriz. La fórmula “Poesía del que tiene algo muy importante que decir / Justo antes de recibir su premio” remata la crítica al ethos del poeta burocrático, del “compromiso” enlatado y de la postura solemne orientada al galardón (el Nobel, el Cervantes, la sanción de la metrópoli), reduciendo la poesía a mero discurso de agradecimiento y oratoria de tarima.

La segunda mitad del poema dirige el foco hacia el síntoma local: la recepción pasiva y el servilismo de la crítica y los poetas periféricos que reniegan de la inmanencia andina. En “La poesía chilena y sus imitadores / Acomplejados de ser peruanos o bolivianos”, se denuncia directamente la subalternidad autoprovocada. La fascinación por el modelo vecino o la aduana internacional no es más que el síntoma de un complejo de inferioridad geopolítico y cultural: el deseo de abandonar la adscripción histórica al espacio andino para simular un cosmopolitismo de vitrina. De allí surge la metáfora de los “Huevos infértiles de Inkarrí”: quienes intentan clonar las modas de afuera terminan produciendo gestos estériles; son la forma vacía del mito, incapaces de hacer nacer o reunir el cuerpo fragmentado del ancestro porque han renunciado a la fuerza vital de la propia tierra y de la propia sintaxis.

El remate del poema abandona la sátira sociológica para fijar una imagen plástica y dolorosa de la fragmentación e impotencia. Detrás de la mampara brillante de la teoría importada, los festivales y el prestigio institucional (“Detrás de un iluminado lienzo”), la realidad material que queda es el cuerpo tullido del imitador: “Los dedos truncos / La crispada mano / El estéril brazo políglota”. La incorporación del adjetivo “estéril” intensifica la carga semántica en dos planos indisolubles: el de la escritura que no engendra linaje ni continuidad, y el de la emasculación simbólica. Cuanto más habla lenguas ajenas el sujeto subordinado y cuanto más adopta la retórica de la aduana externa, más se priva de capacidad fértil y de potencia creadora. El poema se consolida así como un manifiesto de autonomía crítica e inmanencia: frente a la estética de la postal, la solemnidad del premio y la importación de modelos de consumo, afirma la necesidad de una poesía que no busque agradar a la aduana, sino que sostenga la fuerza gravitacional del propio territorio, la memoria de Inkarrí y la dignidad insobornable de la palabra soberana.

IGNACIA AUGUSTA, 2026