viernes, 16 de octubre de 2026

[ME TEMO QUE LA POESÍA PERUANA]


Me temo que la poesía peruana

Se reinicia en E. A. Westphalen

Menos riesgosa incluso cómoda

Ante nuestros conceptos

Stickers multicolores sobre el parabrisas del poema

Westsphalen que no entendía el mito

Salvo se lo contaran desde Europa

Y el cual sembró su encono por Vallejo

En Antonio Cisneros donde prosperara

Y antes en Moro donde solo a medias sucediera

Y así va  la poesía peruana hasta hoy

Monitoreada por el mercado o por lo que diga

El país de Emily Dickinson

Aunque sin su insularidad y sí

La masificación y consolidación de una doble moral

Gatos gordísimos minuciosamente castrados

La poesía peruana se reinició con E. A. Westphalen

Aunque ya no regresaron ni el Cholo ni Martín Adán

Salvo en efemérides y porque el neobarroco se puso de moda

Lego que entusiasmó tanto a propios como a extraños

Y al cual Luis Hernández puso de inmediato en el tacho

Y así se ha ido sucediendo la cosa

Garito internacional que veta aquello que no alcanza

Y auspicia o enfatiza siempre más de lo mismo

Aunque Vallejo y Adán han permanecido

Uno señalando el futuro de lo que está por venir

El otro en orgasmo de dios: “echo para cisma”

El patio de juegos de halla libre y bien adrezado

Pero  vacío

Pedro Granados, 2026


En «Me temo que la poesía peruana», Pedro Granados profundiza su ajuste de cuentas con la historiografía y el canon nacional. Al denunciar el «reinicio» de la tradición bajo la mirada eurocéntrica de Westphalen —donde los stickers multicolores se pegan sobre el parabrisas del propio poema—, el texto contrapone la farsa del mercado y los «gatos gordísimos rigurosamente castrados» a la inmanencia insumisa de Vallejo y Martín Adán. Entre el rechazo de Luis Hernández a los legos teóricos y la crítica a la doble moral importada, Granados demuestra que el patio de juegos de nuestra poesía permanece intacto pero abandonado por la exégesis oficial: mientras Vallejo señala el futuro y Adán habita su permanente orgasmo de dios, el circuito institucional se conforma con administrar un recinto impecablemente aderezado, pero irremediablemente vacío.

Ignacia Augusta