El poema «ÚNICAMENTE CON LOS DIENTES» (2026) se erige como una lección de inmanencia, donde la palabra poética no se proyecta hacia la evasión lírica ni hacia el alarde vanguardista, sino que se afianza en el territorio concreto de la materia y de la carne. Lejos de la abstracción o la gesticulación del «yo» profesional, el texto se articula desde el hueso, la masticación y la pérdida, en un diálogo subterráneo con la herencia de César Vallejo y la lucidez desenfadada de Luis Hernández.
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