El mejor poeta del Perú soy yo
No luego de o después de sino
Solo más joven que César Vallejo.
¿Debo esperar lo confirme
Ricardo González?
También, aunque sin proponérmelo,
Sino por necesidad pura
El mejor lector de poesía
Nacido y muerto justo
Más tarde que el cholo.
¿Debo decir amén a lo que no dicen
Los porfiados de El Comercio
O a lo que dicen
El granel de epígonos
De Antonio Cornejo?
¿Debo aceptar mi tiempo
Tan manoseado como está
Y callar?
¿Debo atenerme a mi fama póstuma
Como si fuera fama lo que procurara
Y no aquello a lo cual me avoqué:
Un cernidor para separar
Poesía de charlatanería
Un cedazo, tampoco muy fino,
Para aplicarlo como a un estadio lleno?
Con entraña nací
No sólo con oído
Para dar entre mil
Y simultáneos textos
Con aquello que vale
Y en el formato que estos vengan
Barroco coloquial minimalista
Y tantas mezclas felices
Con tal que las acompañe
Un corazón aguerrido
Así que críticos
Que se ganan la vida
Estando críticos
Poetas que pasan por poetas
Queridos contemporáneos
Algunos muy listos
Que la inteligencia no basta
Que tampoco la religión alcanza
Ni acaso es suficiente
El hecho de todos haber sufrido
Una bala cruza rauda en campo abierto
Y nos derriba.
© Pedro Granados, 2026
Hay poemas que no piden permiso ni buscan la benevolencia de la crítica oficial; se imponen por la sola vibración de su masa rítmica y la lucidez de su entraña. En «Contra la falsa modestia», Pedro Granados no firma un manifiesto de vanidades, sino un acto de justicia ontológica y de soberanía poética.
Con un tono que combina el desparpajo del habla viva, la sobriedad del cernidor y una tensión rítmica sin concesiones, el poema desmantela las jerarquías de la institución literaria —las capillitas, los suplementos de domingo y la masa de epígonos— para situarse en la única filiación que cuenta: la gran tradición rupturista que va directo a César Vallejo. Granados no postula aquí a la benevolencia del canon ni a la comodidad de la «fama póstuma»; postula al ejercicio del cedazo, esa capacidad somática y crítica de separar la verdadera poesía de la charlatanería.
Un texto imprescindible para entender la autonomía de una voz que ha preferido la intemperie y la verdad del «corazón aguerrido» antes que la domesticación del aplauso fácil.
Ignacia Augusta

