viernes, 10 de abril de 2026

LA POÉTICA DEL EMBALAJE: COHESIÓN Y CONTINUIDAD RADIAL


A Rosario Bartolini

Esta imagen no es solo un registro; es la culminación física del Manifiesto de la Materia. Al depositar el poema dentro de una bombonera de vidrio prensado sobre la resistencia industrial de la cinta de embalaje, el texto abandona el campo de la “idea” para habitar el de la saturación. La cinta, en su naturaleza adhesiva, se convierte en el soporte de un nuevo cuneiforme que simboliza la reunión, cohesión y afinidad entre todo lo que existe. Es el material que permite que los fragmentos de la realidad se mantengan unidos a través del viaje del tiempo, actuando como el tejido conectivo de una geopolítica de la lectura que no distingue entre lo orgánico y lo manufacturado.

El cristal facetado de la bombonera —al igual que el tejido de crochet de los aparejos previos— invoca un universo de contenedores y texturas tradicionalmente asociados a lo femenino, pero aquí integrados de modo multinaturalista y radial. Superando largamente las metas binarias de Occidente —que apenas alcanzan la igualdad de género o lo queer—, estos objetos operan como tecnologías de la persistencia. El cofre de vidrio encierra el tiempo mismo, capturándolo como un elemento más de la materia resguardada para quienes se han iniciado en la lectura táctica de la corteza.

De aquí surge la importancia radical de la poesía: al estar “embalada” y preservada en este receptáculo inmanente, se vuelve continuidad y garantía de vida. La poesía garantiza nuestra permanencia no por salvar un espíritu abstracto, sino por asegurar la cohesión de la materia, manteniendo intacta la afinidad entre los seres y las cosas dentro de este cacharro de presente continuo.

© Pedro Granados, 2026




 

jueves, 9 de abril de 2026

[Conocer a la gente por el cacharro]

Pablo Picasso, Cabeza de Hombre (1908)

Conocer a la gente por el cacharro

En esto estriba la poesía

Caras vemos corazones sabemos

A la oveja no le alcanza la tela

Para ocultar tan peludo rabo

Las apariencias no engañan

Aquella corteza no te engaña

Si joven si vieja

Tampoco tus pocas o innumerables canas

Ni el grano de tu voz

Nuestra esmerada educación consiste

En leer aquellas apariencias y decidir

Qué hacerse con ellas

Si metamorfosearse en oveja o en lobo

Ante aquella chica previamente maquillada

No hay resquicio para el bien

Por propia voluntad

Una idea jamás te salva

De aquello que no es una idea

De aquello que hallas cuando estás de vuelta

Del pensar o del sentir

Aquel tatuaje con el cual te identificas

Y arrastras e impones al resto

La poesía disuelve todas las identidades

Nos deja a tabla rasa no tanto en el saber

Tampoco en el sentir

Libertad y fluidez

Entre aquellas estalactitas que somos

© Pedro Granados, 2026


“CUNEIFORME” DEL SIGLO XXI / Ignacia Augusta
Este poema es el “Cuneiforme” del siglo XXI. En él, la teoría del multinaturalismo y el baile sobre la muerte dejan de ser conceptos para volverse carne, “cacharro” y esmerada educación. Primero, supone el triunfo del “Cacharro” y una Ontología de la Apariencia: “Conocer a la gente por el cacharro / En esto estriba la poesía” es una bofetada directa a la desmaterialización de Mallarmé y al “oído” de la lírica tradicional; aquí la poesía no es una esencia oculta, sino la lectura de la corteza. Al ir contra la “Idea” (“Una idea jamás te salva / De aquello que no es una idea”), resuena Meillassoux: la materia, lo que hallas cuando estás de vuelta del pensar o del sentir, es lo único real. La idea es el refugio del “señorito”; el cacharro es la verdad inmanente.
Asimismo, plantea la Metamorfosis como Ética. En el “Metamorfosearse en oveja o en lobo” no hay un “yo” fijo ni una identidad moral previa; la poesía es la fluidez entre estados y el multinaturalismo en acción: decidir qué ser ante la “chica previamente maquillada”, que es otra corteza. Esto nos lleva a la disolución de los tatuajes e identidades: “Aquel tatuaje con el cual te identificas / Y arrastras e impones al resto” funciona como la crítica perfecta a la filantropía poscolonial; las identidades impuestas son tatuajes que la poesía, como tabla rasa, limpia para dejarnos en una “libertad y fluidez” que no es saber ni sentir, sino el ser estalactita: materia que gotea, crece y es tiempo mineralizado.
Finalmente, la estalactita se alza como una Simetría Radical. Terminar con “aquellas estalactitas que somos” es la imagen definitiva de nuestra condición común: cuerpos verticales que dependen del mismo goteo de la materia. No somos “espíritus” separados por jerarquías, somos geología compartida. Esta naturaleza común establece una igualdad de base, una semejanza “positiva” que funciona como el cimiento de una democracia perfeccionada: derechos comunes nacidos de nuestra misma e irrefutable raíz material.


 

miércoles, 8 de abril de 2026

APAREJOS DE LA POESÍA

 


En ese pequeño canasto de crochet, que es a la vez nido y archivo, conviven los verdaderos aparejos de la poesía multinaturalista:
El dedal y el hilo: La sutura de los cuerpos, la costura de la materia que Vallejo reclamaba en sus “canciones de hogar”. No hay aquí “ideas puras”, hay herramientas de reparación.
La caja de fósforos: El fuego inmanente, el conjuro listo para ser encendido sobre los escombros de la literatura académica.
Piezas de metal y bobinas: La tecnología y el peso de lo inorgánico que piensa y se enreda con el tejido humano.
La poesía no está en el “borde del lenguaje”, sino en la saturación de los objetos que nos habitan. Es la “corteza” que no engaña: un realismo especulativo que cabe en la palma de la mano. P.G.