lunes, 7 de septiembre de 2026
TALLER INDIVIDUAL DE CLÍNICA Y ECUALIZACIÓN POÉTICA
domingo, 6 de septiembre de 2026
[MI CUESTIÓN CON EL INGLÉS]
Mi cuestión con el inglés
Y con el idioma inglés
Vuelo Boston – Madrid
Un señor mayor al lado
Al que no sé por qué
Confié que escribía poesía
Un señor cuya especialidad había sido
Sopesar (testar) el paso del conocimiento
De oriente hacia occidente
Pero que no tenía empaque académico
Y me sugiriera no regresar a los Estados Unidos
O viera quedarme en mi lengua materna
Si es que en realidad me interesaba la poesía
Que ser profesor ya no era lo de antes
Al menos eso creí entender
Y hoy por hoy tan sólo
Un modo de estar comprobadamente ocupado
La conversación quedó allí
Unas horas más tarde tomaba ya el autobús
Que me llevaría del aeropuerto al centro de la ciudad
Y de aquí a mi primer café con leche madrileño
Adicción tenaz de mi espíritu
Pero las palabras de aquel bello viejo
Todo un caminante sobre el desierto del aire
No las olvidaría
Escribir en español y dedicarse a la poesía
Viviendo en los Estados Unidos
O es una humorada o peor un auto engaño
Cosa muy distinta consiste en traducir
Aunque esto sea siempre a posteriori
Y ya constituya otro poema
Y otra historia
Y muy distinta economía
Modo en que se troza un pescado
Y se abre una mujer
Una lengua y una mujer
Pedro Granados, 2026
CARNICERÍA ONTOLÓGICA Y DESENGAÑO IMPERIAL
El poema «[MI CUESTIÓN CON EL INGLÉS]» (2026) se erige como un manifiesto de desenganche: el mapa de un corte liminar entre la trinchera académica imperial y la radicación incondicional en la lengua materna. Lejos de la anécdota viajera, el texto formaliza el desmonte de la ilusión colonial para reinsertarse en una poética situada, terrenal e inmanente.
En el trayecto «Vuelo Boston – Madrid», la figura del «bello viejo» despojado de «empaque académico» opera como un oráculo desértico que sentencia el colapso de la institución universitaria contemporánea. Revelar que la docencia superior es hoy «tan sólo / Un modo de estar comprobadamente ocupado» desarticula la pose del intelectual integrado. La burocracia académica estadounidense se exhibe así como una droga de diseño: un engranaje de administración del tiempo concebido para anestesiar la entrega verdadera a la poesía. La advertencia es tajante: pretender escribir en español desde el centro del imperio, sin conflicto ni fisura, o es «una humorada o peor un auto engaño». La lengua no es un adorno multicultural; es una radicación física. Retornar a ella es rechazar la asepsia del establishment para asumir la gravedad del propio idioma.
El cierre del poema clausura cualquier visión edulcorada sobre la traducción. Traducir no es un diálogo armónico entre culturas ni una inocente permuta de significados; es una operación quirúrgica, física e irreversible: «Modo en que se troza un pescado / Y se abre una mujer / Una lengua y una mujer». La traducción se revela como una carnicería ontológica donde el cuerpo original se descuartiza para fundar «otra economía». Al equiparar la lengua con la carne abierta y el corte del pescado, el poema extirpa la poesía de la especulación metalingüística de gabinete y la devuelve a la materia cruda, al tajo existencial y al territorio ineludible de la vida. P.G.
viernes, 4 de septiembre de 2026
EL PREMIO DONOSO Y LAS DOS RIVAS DE LA POESÍA PERUANA
El reciente otorgamiento del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2026 al poeta y lingüista Mario Montalbetti marca un hito indudable de visibilidad para las letras peruanas, al tiempo que abre un campo de debate crítico ineludible sobre la hegemonía y la dirección de la poesía continental.
Por un lado, el fallo del jurado internacional —celebrado en el marco de los 25 años del galardón otorgado por la Universidad de Talca— convalida una trayectoria volcada de manera implacable a la indagación de los límites del signo y la gramática formal. Desde Perro Negro (1978) hasta sus intervenciones críticas y ensayísticas más recientes, la propuesta de Montalbetti ha convertido al lenguaje en un territorio de auscultación lingüística y laboratorio metapoético, dialogando fluidamente con la teoría de la disyunción y los marcos del conceptualismo occidental.
Sin embargo, contemplado desde la trinchera de una poética situada, del pensamiento simétrico y de la herencia vallejiana, este reconocimiento vuelve a poner en evidencia la distancia que separa a dos modos de entender el hecho poético. Mientras que la perspectiva formalista tiende a concentrar su atención en la falla del lenguaje como un problema eminentemente semiótico o conceptual, la poética del cuerpo —aquella que se afianza en el barro, la orfandad, el territorio y la lengua materna encarnada— entiende que el quiebre de la palabra no es un mero dilema formal, sino una herida social y existencial que se sostiene única y visceralmente con los dientes.
El Premio Donoso celebra la incontestable maestría técnica de Montalbetti dentro de los circuitos académicos de la región. Al mismo tiempo, reafirma la preferencia histórica de las instituciones por poéticas “limpias” o metalingüísticas que no desacomodan la jerarquía del canon ni cuestionan la división internacional del trabajo intelectual, dejando intacto el abismo que separa a la poesía concebida como especulación sobre el sentido de aquella que se vive como un tajo inmanente en la carne de la realidad.
Pedro Granados, 2026
jueves, 3 de septiembre de 2026
LA OSAMENTA SITUADA Y LA LIQUIDACIÓN DEL «YO»
martes, 1 de septiembre de 2026
POSEÍA / POESÍA: LA CONSPIRACIÓN DEL LENGUAJE EN VLADIMIR CONDORCCALLO
La
irrupción de Vladimir Condorccallo en el panorama de las poéticas
contemporáneas plantea una radical impugnación a la solemnidad de la biografía
canónica y a las imposturas del «poeta profesional». En las páginas de Ensayo
de filosofía imaginada (Lima: Cuarto de espera, 2026) —un artefacto que fluctúa
de manera caleidoscópica entre la biografía, el autorretrato, la crónica y el
poemario—, Condorccallo no se presenta como la figura iluminada del vate
tradicional, sino como la encarnación misma del verbo Poesía hallado desde un
anagrama entre los pliegues del idioma. A pesar de su condena explícita a
quienes andan «inspirados» por el mundo exhibiendo su estatus, Condorccallo
abriga la certeza inconmovible de poseer una inspiración interior, una
determinación óntica que habita «ladinamente al margen de la ley».
Esta
revelación descansa sobre un pliegue etimológico y conceptual decisivo: la
poesía deriva aquí de poseía. La poesía no se busca como un trofeo en el
exterior ni se ejerce como un título de propiedad sobre el mundo; el acierto
radicará siempre en encontrarla no fuera, sino dentro del lenguaje mismo. Quien
pretende poseer la poesía la reduce a fetiche o gesticulación; en cambio,
asumir que ya la poseía implica que el sujeto no es dueño del sentido, sino el
lugar de paso donde la lengua cobra conciencia de su propia materia y de sus accidentes
cotidianos.
Esta
tensión vital coloca de inmediato a Condorccallo en sintonía con la órbita de
Luis Hernández. En Hernández, la poesía jamás fue una carrera ni un objeto de
dominio, sino un estado de conspiración afectiva, una forma de vida al margen
de los salones que se desplegaba en libretas manuscritas, regalos y paseos
solitarios. Al igual que el héroe sin carácter o el Macunaíma andino, Hernández
entendió que la verdadera dignidad de la palabra no se conquista afuera, sino
en la inmanencia del estar situado. No hay en Hernández diletantismo ni afán de
adorno, sino la rotunda negativa a permitir que la institución literaria
arrebate el calor de la experiencia real.
Es
en la oscilación semántica del propio nombre del personaje donde esta herencia
se vuelve más evidente. El apellido «Condorccallo» evoca esa síntesis trágica y
satírica tan propia de la mejor tradición peruana, desde la anagnórisis solar
de César Vallejo («Pero he venido de Trujillo a Lima / Pero gano un sueldo de
cinco soles») hasta la lucidez fronteriza de Hernández. El «cóndor» evoca el
ave majestuosa que domina los vientos de la alta cultura, el mito y la
astronomía; pero al descender al suelo del día a día, delata de inmediato sus
ridículos y terrestres «callos». Esta capacidad para cruzar lo sublime con lo
pedestre —el nombre de «Vladimir» carnavalizado entre la gloria de gobernar y
acaso la intimidad de masturbarse antes de dormir— revalida la mirada de
Hernández, para quien la música clásica o un planeta distante convivían sin
jerarquía con las playas de Lima, la jerga de barrio y la vulnerabilidad de la
carne.
Aunque
Ensayo de filosofía imaginada, reciente libro de Carlos Quenaya, apela al
ensamblaje, al collage y a la captura de voces del entorno, estas herramientas
no funcionan como una sustracción de la materia ni como una farsa metatextual.
Por el contrario, en Vladimir Condorccallo el lenguaje no se fuga hacia la
abstracción: echa raíces. Cada fragmento recortado y cada verso derivado de ese
hallazgo interno responden al impulso orgánico de un sujeto que duele, ríe y
tropieza sobre su propio territorio, demostrando que la poesía no es poseer una
verdad externa, sino la gracia de re-conocer que la palabra siempre estuvo
encarnada en el barro y la luz del propio idioma.
Pedro
Granados, 2026
jueves, 27 de agosto de 2026
PROSPECTIVA DE LA POESÍA PERUANA PARA LO QUE RESTA DEL SIGLO
El mapa que dibujamos no es solo un diagnóstico de la coyuntura presente; es la descripción de una hipertrofia institucional donde conviven la burocracia estatal, la corrección política de consumo de catálogo, la estetización aséptica del lenguaje y el advenimiento de la máquina. Ante una fauna donde el libro de poemas funciona como credencial parlamentaria, las poéticas se elaboran mediante algoritmos o la academia premia la simulación, proyectar la poesía peruana en lo que queda del siglo XXI exige abandonar las ilusiones del mercado literario para observar la tensión entre el simulacro y la materia irreductible.
En la superficie del sistema, la poesía oficial y de consumo institucional tenderá a una inocuidad absoluta. Asistiremos a la consolidación de la poesía-burocracia, financiada por fondos públicos o promovida por estamentos políticos que no buscan la conmoción estética, sino la figuración social y el cumplimiento de agendas ideológicas precalculadas. A ello se sumará la saturación de libros generados por inteligencia artificial: artefactos impecables, «mallarmeanos» o «glosemáticos» por ensamble sintáctico, pero desprovistos de sombra, de masa corporal y de riesgo existencial. La máquina superará con creces al diletante en la orfebrería del adorno verbal, dejando al descubierto la vacuidad del juego puramente formal.
Frente a esta marea de prótesis y poses, la intuición de Carlos Quenaya —ese deseo de que un poemario no sea literatura— opera como un síntoma de época y una línea de fuga. Cuando la «literatura» se reduce a un formato negociable, la verdadera poesía peruana del resto del siglo tendrá que definirse, precisamente, por su capacidad de desacato al formato. La ruptura ya no pasará por la gesticulación del «neo-kloakismo», cuyas imitaciones tardías de la rabia noventera quedarán expuestas como melodramas extemporáneos ante el colapso real de las ficciones urbanas.
La poesía peruana que logre mantener un peso gravitacional en las próximas décadas se fracturará decisivamente de la mercancía estética para regresar a la dimensión fisiológica, orgánica y política que Vallejo señaló a inicios del siglo XX. En un siglo crecientemente inmaterial y virtualizado, el poema válido no será el que mejor maneje la pirotecnia del lenguaje o la corrección de la agenda, sino el que se sostenga en la evidencia del cuerpo: en la masa corporal que come, escucha y observa, en la vibración de la entraña y en la convivencia de los opuestos. Como la lección de Piel de asno o la sabiduría vegetal de Tilsa Tsuchiya, la poesía que permanezca será aquella que rehúse ser un fantasma inofensivo en los salones de la cultura para afirmarse como una materia viva que no ha terminado de crearse ni de conjugarse. P.G.
sábado, 22 de agosto de 2026
[CÓMO HA ENDULZADO A LOS INCAUTOS]
Cómo ha endulzado a los incautos
A los de entraña y vocación de congresistas
La oficial poesía chilena
La peor de nuestro continente
Ni chicha ni limonada
Ni Vallejo ni Borges
Una postal de un cerro y sus habitantes
Que es Neruda que es Mistral
Que a intrincados saltos elude serlo Huidobro
Nada más ni nada menos
Poesía del que tiene algo muy importante que decir
Justo antes de recibir su premio
La poesía chilena y sus imitadores
Acomplejados de ser peruanos o bolivianos
Huevos infértiles de Inkarrí
Detrás de un iluminado lienzo
Los dedos truncos
La crispada mano
El estéril brazo políglota
Pedro Granados, 2026
HUEVOS INFÉRTILES DE INKARRÍ: ANATOMÍA DE LA SUBALTERNIDAD POÉTICA
Este poema opera como un dardo sociológico y una intervención crítica de alto calibre en el mapa de las servidumbres continentales. Con una factura tajante y sin concesiones a la diplomacia de capilla, el texto alinea la física del cuerpo mutilado con la denuncia de la estafa estética y la pérdida de la soberanía ontológica.
El texto abre desmontando la supuesta “hegemonía” de la poesía chilena consagrada, revelándola como una operación de mercado, consumo institucional y prestigio de aduana. Al postular “Ni chicha ni limonada / Ni Vallejo ni Borges”, el canon oficial chileno se ubica en una zona tibia, desprovista de la densidad trágica, la ruptura sintáctica y la exigencia ontológica del universo vallejiano o del rigor especulativo borgiano. La expresión “Una postal de un cerro y sus habitantes / Que es Neruda que es Mistral” reduce la épica nerudiana y el telurismo mistraliano a su verdadera dimensión de consumo: la paisajística para la exportación, la retórica del monumento que convierte el territorio en souvenir. Asimismo, cuando se señala “Que a intrincados saltos elude serlo Huidobro”, el autor de Altazor queda fijado como la excepción que confirma la regla: la pirueta que busca desesperadamente saltar por encima de la postal criollista a fuerza de pirotecnia vanguardista, sin lograr zafarse del todo de esa misma matriz. La fórmula “Poesía del que tiene algo muy importante que decir / Justo antes de recibir su premio” remata la crítica al ethos del poeta burocrático, del “compromiso” enlatado y de la postura solemne orientada al galardón (el Nobel, el Cervantes, la sanción de la metrópoli), reduciendo la poesía a mero discurso de agradecimiento y oratoria de tarima.
La segunda mitad del poema dirige el foco hacia el síntoma local: la recepción pasiva y el servilismo de la crítica y los poetas periféricos que reniegan de la inmanencia andina. En “La poesía chilena y sus imitadores / Acomplejados de ser peruanos o bolivianos”, se denuncia directamente la subalternidad autoprovocada. La fascinación por el modelo vecino o la aduana internacional no es más que el síntoma de un complejo de inferioridad geopolítico y cultural: el deseo de abandonar la adscripción histórica al espacio andino para simular un cosmopolitismo de vitrina. De allí surge la metáfora de los “Huevos infértiles de Inkarrí”: quienes intentan clonar las modas de afuera terminan produciendo gestos estériles; son la forma vacía del mito, incapaces de hacer nacer o reunir el cuerpo fragmentado del ancestro porque han renunciado a la fuerza vital de la propia tierra y de la propia sintaxis.
El remate del poema abandona la sátira sociológica para fijar una imagen plástica y dolorosa de la fragmentación e impotencia. Detrás de la mampara brillante de la teoría importada, los festivales y el prestigio institucional (“Detrás de un iluminado lienzo”), la realidad material que queda es el cuerpo tullido del imitador: “Los dedos truncos / La crispada mano / El estéril brazo políglota”. La incorporación del adjetivo “estéril” intensifica la carga semántica en dos planos indisolubles: el de la escritura que no engendra linaje ni continuidad, y el de la emasculación simbólica. Cuanto más habla lenguas ajenas el sujeto subordinado y cuanto más adopta la retórica de la aduana externa, más se priva de capacidad fértil y de potencia creadora. El poema se consolida así como un manifiesto de autonomía crítica e inmanencia: frente a la estética de la postal, la solemnidad del premio y la importación de modelos de consumo, afirma la necesidad de una poesía que no busque agradar a la aduana, sino que sostenga la fuerza gravitacional del propio territorio, la memoria de Inkarrí y la dignidad insobornable de la palabra soberana.
IGNACIA AUGUSTA, 2026
miércoles, 19 de agosto de 2026
LA SUCESIÓN DEL FEUDO: JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI Y LA DISPUTA POR LA HERENCIA DEL CAMPO LITERARIO
La recepción de la poesía peruana y su producción crítica raras veces se decide en la densidad del texto, en la física del lenguaje o en la autonomía de sus propuestas. Se juega, casi siempre, en la administración geopolítica de las instituciones y en la consolidación de liderazgos glocales. El reciente fallecimiento de José Antonio Mazzotti deja al descubierto la arquitectura de uno de los monopolios intelectuales más eficaces de las últimas décadas: aquel que supo copar, desde la academia norteamericana y la Asociación Internacional de Peruanistas, prácticamente todas las aduanas de legitimación en el Perú.
Mazzotti articuló una red de complicidades y alianzas estratégicas de largo alcance:
- El puente UNMSM–PUCP–EE. UU.: Formado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, continuó con refinada astucia el modelo de padrinazgo de Antonio Cornejo Polar. Desde su posición en la academia estadounidense, influyó de manera determinante en los espacios de posgrado del medio local —incluyendo la maestría de la PUCP a través de interlocutores clave—, asegurando un flujo constante de validación recíproca.
- La capitalización de la rebeldía (Kloaka): Supo posicionarse como el «simpatizante estratégico» y organizador logístico del grupo Kloaka desde los años 80, convirtiendo el prestigio de la marginalidad en un activo rentable para congresos, antologías y vitrinas internacionales.
- El control de las aduanas críticas: A través del periodismo local en sus inicios, la toma de la Cátedra Vallejo, la dirección de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (RCLL) y la creación de la propia Asociación Internacional de Peruanistas (AIP), erigió una garita de peaje por la que debía transitar cualquiera que pretendiera circulación o reconocimiento en el canon.
Abierta la vacancia de ese feudo, asistimos de inmediato a la disputa por el liderazgo y a los inevitables rituales de sucesión.
El inminente homenaje académico en el Auditorio José A. Russo Delgado de la Facultad de Letras de la UNMSM —articulado alrededor de la publicación de su libro La llaga colonial: ensayos para una nueva filología transatlántica (Iberoamericana/Vervuert, 2026)— expone con claridad el intento de la facción transatlántica por reclamar la herencia. La mesa integrada por Enrique Cortez (editor del volumen), Christian Fernández, Marie Elise Escalante y Marcel Velázquez no es únicamente un espacio de recordación: es el protocolo mediante el cual un sector busca tomar la posta del capital simbólico, las redes de influencia y la tutela sobre la historiografía poética del país.
Mientras la academia metropolitana y sus sucursales insisten en catalogar la creación bajo moldes paternalistas de fragmentación o clientelaje, las cúpulas locales se disputan el control de los tronos. Frente a la repartición de investiduras y el perpetuo cultivo de las complicidades de grupo, la única alternativa soberana sigue siendo la misma: desmantelar el simulacro institucional y devolverle a la poesía su verdadera fuerza de gravedad, su rigor y su autonomía inmanente.
Pedro Granados, 2026
domingo, 16 de agosto de 2026
OSWALDO CHANOVE O LA ESTÉTICA DEL ADORMECIMIENTO
El comienzo y el límite de la poesía de Oswaldo Chanove parecería ser la del perogrullo. Sus imágenes se perciben como las de un Antonio Cisneros un tanto más provinciano y el formato de sus poemas se asemeja a barquillas que flotan a la deriva. Estamos ante un carrusel que puede repetirse hasta el fin, donde no hay una real novedad comunicativa ni una tensión ontológica que sostenga la mirada.
No paramos de leer esta obra, pero no por las razones que argumenta Mario Montalbetti —quien sostiene que la fuerza de gravedad de los versos de Chanove es tal que hay que hacer esfuerzos reales para escapar de sus garras—, sino porque su poesía se dirige deliberadamente al aburrimiento y al adormecimiento. Se apoya en el juego de palabras como fin en sí mismo, tal como ocurre, en última instancia, con la propia poesía de Montalbetti: ambos terminan comprometidos con la misma estética de la somnolencia y el replegamiento cerebral.
Los textos de Chanove exhiben con claridad esta mecánica del bucle. En El jinete pálido (1994), la mirada se alza hacia el infinito solo para tropezar con la anécdota y la pirueta irónica: “Jamás –dijo– alcanzarás la meta” o la especulación de que “lo propio es tener una idea que sea el principio de un nuevo universo”. Todo transcurre en la superficie de un gesto predecible, donde la apelación al abismo o la fuga termina disuelta en una mueca ingeniosa pero inofensiva.
Esta misma inercia reaparece en Una doméstica imaginación del infinito (2020). La invocación de las grandes magnitudes —“Tenemos problemas con el infinito / Los rincones se dilatan”— convive con el catálogo de soluciones triviales y la devoción autoponderativa. La Virgen de las Angustias interviene tanto para salvar a los que golpean la cabeza contra las olas o rescatar una estación espacial, como para “ayudar al poeta / Que no encuentra nada nunca nada”. El poema se vuelve el registro de una basculación mecánica entre el abismo y la epifanía, donde la metafísica se empaqueta como consumo doméstico y el lenguaje no sufre jamás una verdadera transfiguración.
Incluso cuando la narrativa del poema intenta desplegar una imaginería fantástica o surrealista, como en El héroe y su relación con la heroína (1983) o en Sueño del artista adolescente, el procedimiento delata su propia fatiga. Se tejen y destejen filamentos de pelo de tigre, león, perro o vicuña en máquinas tejedoras, o se hace reventar un caracol del cual sale un insecto con tenazas amarillas. Sin embargo, la acumulación de imágenes caprichosas no alcanza a constituir una verdadera masa ni un ritmo interno; el trazo busca el impacto por la vía del desconcierto epidérmico, pero se queda en la yuxtaposición arbitraria.
Al carecer de un centro gravitacional propio, la obra de Chanove confunde la levedad con la deriva y la ironía con el vaciamiento. Lo que queda tras el recorrido no es la fascinación ante un sistema poético denso, sino la constatación de una fórmula que gira sobre su propio eje: una poesía que ha renunciado a la física viva de la palabra para acomodarse en la pirotecnia del concepto y la monotonía del guiño.
Pedro Granados, 2026
viernes, 14 de agosto de 2026
CONTRA LA FALSA MODESTIA
El mejor poeta del Perú soy yo
No luego de o después de sino
Solo más joven que César Vallejo.
¿Debo esperar lo confirme
Ricardo González?
También, aunque sin proponérmelo,
Sino por necesidad pura
El mejor lector de poesía
Nacido y muerto justo
Más tarde que el cholo.
¿Debo decir amén a lo que no dicen
Los porfiados de El Comercio
O a lo que dicen
El granel de epígonos
De Antonio Cornejo?
¿Debo aceptar mi tiempo
Tan manoseado como está
Y callar?
¿Debo atenerme a mi fama póstuma
Como si fuera fama lo que procurara
Y no aquello a lo cual me avoqué:
Un cernidor para separar
Poesía de charlatanería
Un cedazo, tampoco muy fino,
Para aplicarlo como a un estadio lleno?
Con entraña nací
No sólo con oído
Para dar entre mil
Y simultáneos textos
Con aquello que vale
Y en el formato que estos vengan
Barroco coloquial minimalista
Y tantas mezclas felices
Con tal que las acompañe
Un corazón aguerrido
Así que críticos
Que se ganan la vida
Estando críticos
Poetas que pasan por poetas
Queridos contemporáneos
Algunos muy listos
Que la inteligencia no basta
Que tampoco la religión alcanza
Ni acaso es suficiente
El hecho de todos haber sufrido
Una bala cruza rauda en campo abierto
Y nos derriba.
© Pedro Granados, 2026
Hay poemas que no piden permiso ni buscan la benevolencia de la crítica oficial; se imponen por la sola vibración de su masa rítmica y la lucidez de su entraña. En «Contra la falsa modestia», Pedro Granados no firma un manifiesto de vanidades, sino un acto de justicia ontológica y de soberanía poética.
Con un tono que combina el desparpajo del habla viva, la sobriedad del cernidor y una tensión rítmica sin concesiones, el poema desmantela las jerarquías de la institución literaria —las capillitas, los suplementos de domingo y la masa de epígonos— para situarse en la única filiación que cuenta: la gran tradición rupturista que va directo a César Vallejo. Granados no postula aquí a la benevolencia del canon ni a la comodidad de la «fama póstuma»; postula al ejercicio del cedazo, esa capacidad somática y crítica de separar la verdadera poesía de la charlatanería.
Un texto imprescindible para entender la autonomía de una voz que ha preferido la intemperie y la verdad del «corazón aguerrido» antes que la domesticación del aplauso fácil.
Ignacia Augusta
martes, 11 de agosto de 2026
TALLER DE POESÍA: EL MICROCHIP POÉTICO (en CHICLAYO)
martes, 28 de julio de 2026
[SI SOY MUJER, SERÉ MEJOR POETA]
Foto: Wilton Martínez (Pachacámac, 1982)
Si soy mujer, seré mejor
poeta
Si tengo cáncer, seré
mejor poeta
Si viajo, seré mejor
poeta
Si sufro, seré mejor
poeta
Si ignoro el sufrir, seré
mejor poeta
Si soy sudamericano, seré
mejor poeta
Si soy profesor en una Avy
League, seré mejor poeta
Si soy un niño prodigio,
seré mejor
O un animal doméstico
O un palestino a punto de
fallecer
O un muchacho en el Perú
A poco de acudir a la
marcha de protesta
O aquella chica tan
enamorada
O aquel viejo arrepentido que va a misa
O mi amigo judío en
ininterrumpida depresión
O mi cara a la que
abofetea cada vez más a menudo la vejez
¿Esta antigua película
sin guión aparente
Que
no sea el desconcierto el atragantamiento y la muerte?
© Pedro Granados, 2026
LA COMEDIA LETRADA Y LA ANTIGUA PELÍCULA DEL DESCONCIERTO
Frente al mercado de identidades, las modas éticas
y las capillas de la Ciudad Letrada que pretenden otorgar credenciales poéticas
a partir del currículum, la geografía o el dolor administrado, la poesía se revela
como un desnudamiento total. No se escribe desde el estandarte ni desde la
astucia del intelecto, sino desde el atragantamiento puro frente a una realidad
inmanente y descarnada:
El poema opera como un desmontaje feroz de las
etiquetas institucionales. A través de una letanía irónica, el texto confronta
las imposturas culturales que buscan empaquetar la experiencia humana en
categorías rentables. La poesía no es un acumulado de méritos ni una condición
privilegiada; es el residuo mineral que queda cuando caen las máscaras.
Al desplazar la mirada hacia los cuerpos en vilo
—el palestino, el muchacho en la marcha, la fijeza del viejo arrepentido o el
impacto físico de la vejez abofeteando el propio rostro—, el texto nos devuelve
a la inmanencia de una "antigua película sin guión aparente". Aquí no
hay salvación lírica ni trascendencia pulcra; solo queda el contacto básico con
la materia, el desconcierto del viviente y el rigor de la finitud donde todos
los rostros se vuelven, finalmente, intercambiables ante la muerte.


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